Desde un a butaca amarilla y de forma inestable veo el cielo.
El cielo invernal del que no me tocan
los rayos solares
ni el aire
ni las nubes,
De un mundo del que no toco
ni los arboles
ni los cantos de los pajaros
ni las veredas de tierra que suben montañas
ni el smog con que los camiones
nos bañan cuando pueden,
ni la gente que pasa diciendo cosas
de las que sólo oigo fragmentos.
Aquí no hay frío, no hay calor
siempre está climatizado
y es tan perfecto
y tan sin polvo
que creo que estoy encerrada
un poco más lejos de Charenton
porque aquí no hablan los médicos francés
(ni siquiera hay médicos, de hecho)
aunque se vive quizá
la misma y desastrada dosis de locura.
Igual estoy encerrada
aunque elegí los colores de mi celda
igual estoy aislada
aunque comprendo el contenido de los libros que me rodean.
Wednesday, December 07, 2005
Tuesday, November 29, 2005
En la mañana en el colegio
ruidos azules de cantos infantiles
subrayados por la flauta
acompañados del vaivén acompasado
de un mono de nieve que se mece con la brisa helada.
Los pasillos son impensables
sin chaqueta.
He llegado a la biblioteca, refugio cálido
donde rodeada de libros y añosos poemas enciclopédicos
que me espantan
transcurrirá el día lentro y tranquilo,
entre el entrar y salir de niños
contentos, enojados, ilusos
o desilusionados.
Eso pienso mientras el sol hace su recorrido cotidiano
afuera de las ventanas.
ruidos azules de cantos infantiles
subrayados por la flauta
acompañados del vaivén acompasado
de un mono de nieve que se mece con la brisa helada.
Los pasillos son impensables
sin chaqueta.
He llegado a la biblioteca, refugio cálido
donde rodeada de libros y añosos poemas enciclopédicos
que me espantan
transcurrirá el día lentro y tranquilo,
entre el entrar y salir de niños
contentos, enojados, ilusos
o desilusionados.
Eso pienso mientras el sol hace su recorrido cotidiano
afuera de las ventanas.
Monday, November 14, 2005
Esta mañana me ha dado por extrañar mi casa mientras en una foto decenas de hombres negros se hacinan en las cárceles africanas. Siento nostalgia de mis perros y de mis espacios, de la humedad de las paredes mientras veo, curiosa, ese amasijo de humanidad.
No sé la relación de donde venga. No sé que tiene que ver una cosa con la otra. Lo que sí se es que siento mucha mucha nostalgia del espacio que ya estará con las hierbas más crecidas, no sé si más humedo o más limpio que cuando nos fuimos.
Ignoro entonces la atmósfera encerrada entre esas paredes que significan mi casa.
La casa de Isadora, nuestro refugio temporal -y que también está encerrada- huele un poco a tabacos viejos, a Pepe que se ha ido (ya casi no quedan olores de esos) a dormido cuando nosotros despertamos en la habitación cerrada. Si no salimos y no abrimos la ventana el olor permanece. Si nos vamos, pues abrimos y el aire se lleva nuestro olor familiar, un poco a polvo y a cobijas calientitas.
También huele a cocina que ya está dormida cuando todo está apagado, y a trastes lavados y a la estufa que ya no está funcionando y a restos del café que nos tomamos.
Huele calientito porque está seca. Huele a abrigado.
Mi casa huele un poco a frío, a húmedo por el arroyo cerca. Pero huele a mis olores, a nuestros olores. Se siente la cama fría y la cocina también. Hago el café y el olor no permanece mucho rato.
Pero huele bien. Huele a mi hogar. Huele a monte y a arañas y a rancho. Al rancho verde porque ha llovido.
Ayer Miguelito se estaba acordando del Pinto. Yo también lo extraño a pesar de que acá con Isadora tenemos al Tizo.
Quizá la relación entre los africanos y nosotros viene a que nosotros también dormimos hacinados los tres en una misma cama, o a que permanecemos en un sitio donde nadie conoce, olvidados alegremente por la humanidad. No le he dado la dirección ni a mi mamá. Espero aprendermela aunque, para mi desgracia, no duraré mucho tiempo allí.
Y es una desgracia porque el fin de semana reciente, ese que disfruté tantísimo, fue el primero desde el mes de agosto en que permanecí segura y en paz.
Friday, November 11, 2005
Una tarde
Una tarde, poco antes de abandonar la biblioteca en la que trabajo y casi vivo, decidí subir la cortina y ver al exterior la forma en que moría la tarde. Este era uno de mis pasatiempos favoritos cuando era más joven y tenía más tiempo.
Y pude ver algo increíble y nuevo, que es lo maravilloso de ver todos los días el atardecer porque nunca son iguales, lo que me hace acordarme del Principito y su afición.
De frente me toca la vista del cerro, y puedo ver como mi horizonte se parte en dos. De un lado ya está la penumbra y se ha alejado el sol, y del otro aún permanecen los rayos amarillos calentando las casas y las gentes. Como dragones, unas nubes galopaban por encima de las crestas, por enmedio de la silla y mientras de un lado estaban sombrías y sin matices del otro iban cabalgando por una llanura nubar soleada en la que pequeños chopos de estratos, altos en exceso, permanecían inmóviles.
Las ví transcurrir y no pude guardar silencio. A dos niños que tenía cerca se los dije y por un momento compartimos el bello espectáculo que nos daba la ventana.
Y yo me llené de secreta nostalgia por mis tardes en libertad, cuando me trepaba todos los días a una loma en el rancho para ver como se iba el sol atrás del cerro. Salí despavorida cuando ya el espectáculo había pasado y las luces de los coches comenzaban a encenderse, para iniciar mi carrera diaria hacia el nuevo sitio donde vivo, y donde me gusta estar porque hay un clima cordial que pocas veces se rompe.
Y pude ver algo increíble y nuevo, que es lo maravilloso de ver todos los días el atardecer porque nunca son iguales, lo que me hace acordarme del Principito y su afición.
De frente me toca la vista del cerro, y puedo ver como mi horizonte se parte en dos. De un lado ya está la penumbra y se ha alejado el sol, y del otro aún permanecen los rayos amarillos calentando las casas y las gentes. Como dragones, unas nubes galopaban por encima de las crestas, por enmedio de la silla y mientras de un lado estaban sombrías y sin matices del otro iban cabalgando por una llanura nubar soleada en la que pequeños chopos de estratos, altos en exceso, permanecían inmóviles.
Las ví transcurrir y no pude guardar silencio. A dos niños que tenía cerca se los dije y por un momento compartimos el bello espectáculo que nos daba la ventana.
Y yo me llené de secreta nostalgia por mis tardes en libertad, cuando me trepaba todos los días a una loma en el rancho para ver como se iba el sol atrás del cerro. Salí despavorida cuando ya el espectáculo había pasado y las luces de los coches comenzaban a encenderse, para iniciar mi carrera diaria hacia el nuevo sitio donde vivo, y donde me gusta estar porque hay un clima cordial que pocas veces se rompe.
Monday, November 07, 2005
Esta Mañana
Otra vez empieza el día.
Sale el sol, son las siete, date prisa.
Pero este día es diferente
en este día algo cambia, algo ineludible
yo tengo resistencias pero no las digo
porque no tiene caso decirlas
y al mismo tiempo creo que quizá
sólo quizá
nos ayude a dejar algo de peso inmaterial que nos está ahogando.
Dejar atrás algo de karma viejo
para empezar a tejer el nuestro.
Ahora si, el nuestro solamente.
Que anhelo.
Todos los cambios siempre traen algo nuevo:
la transición
es lo que se dificulta.
Sentimentalmente por lo pronto
se abren nuevas puertas:
los ojos de tu madre tranquilos y que poco a poco
-igual que tu y que yo-
iban perdiendo lo nervioso
y se iban familiarizando y se destensaban y contaban y contaban
anécdotas queridas que traen la presencia de personas amadas.
Son como presagios
buenos presagios porque los muertos, los buenos muertos,
también están con nosotros en ese instante.
Puertas y presagios y cambios y juntos.
Seguramente es bueno.
Desde el momento en que estamos platicando y discutiendo y acordando
y los tratados internacionales del país Rafaélico,
beligerante y juicioso,
y el país práctico de las Mercedes
se solucionan
vamos bien.
Cuando la conversación se acabe
junto con las calles llenas de baches que nos obligan a detenernos y repelar y odiarnos un momento
estaremos definitivamente muertos.
Sale el sol, son las siete, date prisa.
Pero este día es diferente
en este día algo cambia, algo ineludible
yo tengo resistencias pero no las digo
porque no tiene caso decirlas
y al mismo tiempo creo que quizá
sólo quizá
nos ayude a dejar algo de peso inmaterial que nos está ahogando.
Dejar atrás algo de karma viejo
para empezar a tejer el nuestro.
Ahora si, el nuestro solamente.
Que anhelo.
Todos los cambios siempre traen algo nuevo:
la transición
es lo que se dificulta.
Sentimentalmente por lo pronto
se abren nuevas puertas:
los ojos de tu madre tranquilos y que poco a poco
-igual que tu y que yo-
iban perdiendo lo nervioso
y se iban familiarizando y se destensaban y contaban y contaban
anécdotas queridas que traen la presencia de personas amadas.
Son como presagios
buenos presagios porque los muertos, los buenos muertos,
también están con nosotros en ese instante.
Puertas y presagios y cambios y juntos.
Seguramente es bueno.
Desde el momento en que estamos platicando y discutiendo y acordando
y los tratados internacionales del país Rafaélico,
beligerante y juicioso,
y el país práctico de las Mercedes
se solucionan
vamos bien.
Cuando la conversación se acabe
junto con las calles llenas de baches que nos obligan a detenernos y repelar y odiarnos un momento
estaremos definitivamente muertos.
Tuesday, November 01, 2005
TRIBUTO
¿Quien deseas que sea?
Tu sombra parcialmente revelada que tras un ropero te observa. La compañera inseparable de tus días sin dudas y de tus desvelos sin horizontes.
Vertical u horizontal. A veces flotando encima de tu propia conciencia. Tu hermana imprevista, tu amada ausente.
¿Quién soy yo?
Mi definición abarca la memoria del tiempo y de las razas humanas. Vivo y pervivo solamente por la adoración que tienes a lo desconocido. Te hablo, te poseo. Te deseo y te abarco sin estar nunca más lejos que a un brazo de tu hombro izquierdo.
No tengo carne. Ni calor. No tengo sangre. No tengo dolor. Algunos de los condenados están a mi servicio. Caronte para ayudarte a cruzar, por tres monedas, el lago Estigia que separa el mundo de los vivos, y el infierno del Dante.
Cancerbero, que cuida las entradas de mis templos infernales. San Pedro que promete la gloria para los que se han portado bien en el mundo Católico. Sólo San Pedro se cree que soy su esclava porque ayudo a las almas a llegar hasta sus puertas glorificadas.
Mi vestido y mi forma son como tú imaginas que sean. Soy a tus designios, a tus caprichos, a tus miedos. ¿Te asustan los huesos comidos de los gusanos, limpios y sin una sola gota de carne?
Esos son los míos. Totalmente limpios y blancos. Totalmente blanqueados por el tiempo, los años, y los vientos que pasan por en medio de mis vestiduras para tocar tu rostro, helados, cuando temes recordarme porque sabes que estoy allí.
Para muchos soy amiga y fiesta. Beben tequila y comen pan a mi salud. Soy linda, soy una dama. Soy la Catrina, siempre elegante y bien vestida, lista para llevarlos a la última cita de amor: la que los lleva de este mundo al que sigue.
¿Pero para ti? ¿Quién soy para ti? Los temores encarnados, resucitados, si es que se puede resucitar a lo que ya no tiene vida alguna. ¿Pero que es la vida? ¿El estadío en el que amamos y glorificamos y comemos y bailamos? ¿Qué es la vida? ¿Sucesión de momentos incansables en los que deseamos comernos a trozos el tiempo que nos queda por delante porque no saben en que momento van a cruzarse conmigo?
Cruzarse conmigo. Como si eso fuera difícil. Como si, ya lo he dicho, no los acompañara a diario en todas sus labores y en todos los momentos acechando por el instante
en que van a estar listos para venirse a mi reino. Mi reino donde también se ama y se goza al lado del Macho Cabrío o de dulces cantos angélicos que no tienen fin.
Al lado de poderosos y desposeídos que comen todos de la misma fuente, que beben todos del mismo vino porque después de muertos todos somos iguales, todos somos perfectos, todos somos amados y hermosos y añorados.
Cuánta gente no hay que se convierte en alguien sólo a partir de que se ha muerto. El primo Juan que fue asesinado por Vicente nunca figuró más allá de la labor de Amador, pero cuando lo mataron en la cantina por esos siete balazos que le reclamaban la vida que él quería entregarle a Lupita que ya estaba comprometida con Vicente, entonces si se volvió una noticia, por lo menos para nosotros en el pueblo.
Herminia, la doña de las tortillas, esposa de Duarte, dueña de los siete árboles de naranjo en el patio bardeado que nadie veía se volvió importante en el momento en que el camión la atropelló lanzándola contra unos botes de basura, donde yo la esperaba para tomarla en mis brazos, abrazarla, amarla, mecerla, darle el último arruyo y luego la bendición de llevarla conmigo y terminar esa vida apagada y casi desapercibida.
Liliana y su bebé de seis meses, cuándo se volvieron importantes para Marcos. Cuándo. Cuando ya no pudo hacer nada por ellas, porque un camión de la basura decidió terminar con la disyuntiva que significaba su existencia. Y Marcos desde entonces que vive sin vivir, pensando sólo en mí y en el momento que he de terminar su existencia que para él es poco valiosa. Solamente cree que existe por sus cuadros, por sus pinturas que una y otra vez repiten entre sus tonalidades el trazo y el olor de la tragedia que respira.
Porque su tragedia mayor es respirar.
Entonces, soy la más deseada, la más querida, la más inadvertida y ansiada mujer que se encuentra más cerca de lo que quizá todos desearían.
Tengo la pasión helada, tengo el corazón perdido. Pero tengo muchos, muchos vivos a quienes remediar.
Porque bien vista la muerte es un remedio. Un remedio delicioso para los males que significan la existencia.
Para los pleitos, para las pobrezas, para el desamor, para la violencia. Soy la solución, la más perfecta consejera. La única que quita el dolor para siempre.
Su compañera, la Muerte.
Como soy entonces tan buena, todos me dan nombres que me achican, que me acercan, que me humanizan tal vez: soy entonces la huesuda, la catrina, la dama, la parca (para los que creen que son más cultos, como si después de muertos esto importara)
Y entonces es cuando me vuelvo cercana y en los panteones me ponen altares, en cada tumba siempre tengo mi huesito de dulce, la calaverita del santo patrono del sepulcro en que estén bebiendo pulque o mezcal o tequila los más finos, aguamiel los niños y las mujeres, churros con chocolate, panes, tostadas, todo tipo de deleites y festines para acordarse de mi. De mi y del muertito que ya tengo conmigo, y que ese día suelto desde mi reino para que vuelva al mundo a saludarlos, a sonreírles, a jalarles las patas en el panteón o en su casa por no haberle recordado.
Soy una fiesta de Cempasúchil amarillo que no deja ni un huequito a las lápidas. De cruces por todos lados, de quema de velas, de risas y de música porque recuerdan a los difuntos.
Antes me confundían con las Cihuateteos. Esas muertas de parto que volvían el día de muertos por los chamacos que dejaron en la tierra, y para las que dejaban escobas y metates y molcajetes en los cruces de caminos para evitar que llegaran a la casa a reclamarle a sus maridos vestidos y telas y niños como cuando estaban vivas.
Pero las Cihuateteos son mis hermanas. Mis compañeras. No son iguales a mí. Nadie en verdad es igual a mí. Nadie en Absoluto. Por más nombres que me pongan y con que me identifiquen, nunca serán iguales a mí.
Ni serán los elegidos, aunque hayan muerto el 31 de diciembre, el día de San Silvestre y que por eso les pasen las riendas de mi carreta y se conviertan en mi carretero, que con caballos con ojos de fuego y belfos que resoplan frío vayan por allí recogiendo las almas de los que ya deben ser transportados a mi reino. El carretero de la Muerte. Pero nunca la muerte misma. Nunca.
Son mis sirvientes. Siempre sigo siendo la reina entre ellos y para ellos, por ellos también. Porque ellos me entronizan en sus corridos y canciones, en sus odas y elegías, en sus novelas y sentidos, sentidísimos poemas. En sus pinturas y en sus óperas, porque en todas las culturas sean las que sean siempre hay un lugar muy importante donde me colocan y me rinden el tributo que merezco, como su compañera.
Unos me hacen caricaturas donde se burlan de mi forma y la que toman los que ya están en mi reino, mis muertitos. Otros me pintan tremenda y bestial. Otros más me hablan al oído y me murmuran sentidas frases para atraerme, para que esté meciéndolos en la noche como si no tuviera yo más que hacer que ocuparme de los poetas y los músicos y de los artistas.
¿Qué no saben que en las cantinas también tengo mucho trabajo? Y en la pelea y entre las pandillas y con los narcos. Ah como me gusta subirme en las troconas de los narcos con sus llantotas todas imponentes al lado de sus escuadras y sus cuernos de chivo cuando van a hacer negocios. Tocarles la nuca cuando están pactando un asunto de vida o muerte, y luego llevarlos conmigo cuando les tocó perder. Desa cosecha tengo jovencitos, y no tan jovencitos y de todas las edades. Guapos, feos, pero eso sí, todos muy entrones y valientes. Jajajajajaja. Para qué les sirve lo valientes si terminan siempre conmigo, abrazados de mí, llorando y temblando porque se desangran mientras yo les canto para que se tranquilicen y se dejen llevar. Para que no se aferren a una vida que ya no tienen. Que nunca tuvieron porque la vida que se liga al peligro no es vida. No puede serlo porque no se puede amar, no se puede abrazar un niño sin sentir el dolor tremendo de perderlo cuando nos maten o cuando se tenga que ir de nuestro lado. Mejor no digo las maneras porque me puedo poner muy triste y melancólica.
Porque también en mi reino hay chiquitos. Chiquitos hermosos de mejillas sonrosadas que a veces pasan de su vida material a mi vida inmaterial. Y esos sí que me duelen porque hubiera deseado sortear con ellos sus aventuras y sus amores y sus bailes y sus excursiones en medio del panteón para ver quien era el más valiente de sus amigos. Y a esos chiquitillos no les tocó. Unos se mueren porque se enferman, pues bueno. Esos los recibo con los brazos abiertos porque acaba conmigo su dolor. Y los llevo rápido y con muy bonitos cantos al cielo. Porque son angelitos que dejan la tierra para irle a cantar más pronto a Dios. Y a veces siento que Dios es un tacaño por querer tener cerca las almas de los niños que mejor debieran de seguir viviendo. Que pa que los quiere, que pa que los atesora si hay tantos y tantos querubines y serafines y ángeles y arcángeles. Para qué quiere a los niños.
Y lloro por los campos y bajo la luz de la luna paseando mi blanco manto que flota en el viento. Lágrimas saladas, sin carne. Lágrimas sin sangre. Lamentos continuos y dolorosos.
Otros niños se mueren por la gente mala que les hace daños. Esos me duelen todavía más porque no tienen dolor alguno que terminar y de repente lo que les terminan es la existencia.
Por eso siempre que puedo les secreteo que se cuiden y que yo los protegeré cuando su ángel se descuide. Pero tengo mucho trabajo. Mucho mucho trabajo y pues a veces no puedo impedir que lleguen llorando a mis brazos a preguntarme que fue lo que pasó.
(SILENCIO TERRIBLE CON MÚSICA MUY TRISTE)
Si tengo mucho trabajo. Entre los sicarios también soy muy solicitada. Ellos me invocan y me rezan y me piden para que les cuide lo único que yo quiero: su vida.
Me río. Me río de los sicarios porque derraman sangre pero tienen un miedo espantoso a que se derrame la de ellos. Cuando ellos mismos lo único que acortan es su camino hacia mis brazos. Hacia mis dulces y helados brazos.
Querida y odiada. Perdida y hallada. Soy su única y perpetua compañera.
También soy santa. Hasta santa terminé. La Santa Muerte toda hecha de resinas preparadas con tierra y huesos de panteón quesque para amuletos. Y las velas que me prenden hechas con pelo y grasa de muerto. Como si fuera cierto que pueden sacar pelos y grasas de muertos las charlatanas que a veces se dan a sí mismas el nombre de adivinas o de brujas. Grasas de pollos y pelos de puerco es lo que usan, pero las gentes se creen todo lo que les dicen. Por eso hacen estatuas mías de tamaño chico, mediano, grade, de resina, de oro, con piedras preciosas, para colgarse, para ponerse, para los altares.
Para ponerme mis flores y mis velas y mis ofrendas y mi agua y mi sal. Y para que cada vela de cada color sirva para que les ayude a una cosa distinta. Para que cada estatua mía que hacen de diferente color les proteja de cierta manera. Que contra la envidia, que para tener amor, que para tener dinero.
Cuando lo único que necesitan es a ellos mismos. Los humanos. Los inseguros y poco tranquilos humanos. Los frágiles humanos que yo cuido como mi grey. Y no soy Dios. No por ello me estoy comparando con el patrón.
No lo vayan a pensar porque nunca soy blasfema. Imaginen que haríamos si pierdo mi trabajo. Soy la única que lo ha hecho por siglos, la única que lo conoce bien y que se da la agilidad necesaria para andar de un lado a otro recogiendo cadáveres. Y hasta escuchando sus ruegos y lamentos y oraciones y secretos.
Porque vaya que hasta secretos me cuentan. Les digo. Los humanos así son.
Hoy es mi día, sin embargo. Hoy es mi día y entonces me tocan cantos y fiestas y pulque y aguamiel. Me toca la calabaza con piloncillo y las enchiladas de mole negro y el arroz colorado y el pollo en salsa y el puerco en carnitas.
Hoy es día de pan y de huesitos y de azúcar y de dulces y de chocolate y de café con piquete también.
Hoy es día de corridos y de música y de guitarras en medio de los panteones y de velas y de cruces bonitas.
Hoy es día de acordarse de que tienen un reino al que van a ir, pero sobre todo, una reina a la que van a adorar.
LA MUERTE. (Caravana)
Tu sombra parcialmente revelada que tras un ropero te observa. La compañera inseparable de tus días sin dudas y de tus desvelos sin horizontes.
Vertical u horizontal. A veces flotando encima de tu propia conciencia. Tu hermana imprevista, tu amada ausente.
¿Quién soy yo?
Mi definición abarca la memoria del tiempo y de las razas humanas. Vivo y pervivo solamente por la adoración que tienes a lo desconocido. Te hablo, te poseo. Te deseo y te abarco sin estar nunca más lejos que a un brazo de tu hombro izquierdo.
No tengo carne. Ni calor. No tengo sangre. No tengo dolor. Algunos de los condenados están a mi servicio. Caronte para ayudarte a cruzar, por tres monedas, el lago Estigia que separa el mundo de los vivos, y el infierno del Dante.
Cancerbero, que cuida las entradas de mis templos infernales. San Pedro que promete la gloria para los que se han portado bien en el mundo Católico. Sólo San Pedro se cree que soy su esclava porque ayudo a las almas a llegar hasta sus puertas glorificadas.
Mi vestido y mi forma son como tú imaginas que sean. Soy a tus designios, a tus caprichos, a tus miedos. ¿Te asustan los huesos comidos de los gusanos, limpios y sin una sola gota de carne?
Esos son los míos. Totalmente limpios y blancos. Totalmente blanqueados por el tiempo, los años, y los vientos que pasan por en medio de mis vestiduras para tocar tu rostro, helados, cuando temes recordarme porque sabes que estoy allí.
Para muchos soy amiga y fiesta. Beben tequila y comen pan a mi salud. Soy linda, soy una dama. Soy la Catrina, siempre elegante y bien vestida, lista para llevarlos a la última cita de amor: la que los lleva de este mundo al que sigue.
¿Pero para ti? ¿Quién soy para ti? Los temores encarnados, resucitados, si es que se puede resucitar a lo que ya no tiene vida alguna. ¿Pero que es la vida? ¿El estadío en el que amamos y glorificamos y comemos y bailamos? ¿Qué es la vida? ¿Sucesión de momentos incansables en los que deseamos comernos a trozos el tiempo que nos queda por delante porque no saben en que momento van a cruzarse conmigo?
Cruzarse conmigo. Como si eso fuera difícil. Como si, ya lo he dicho, no los acompañara a diario en todas sus labores y en todos los momentos acechando por el instante
en que van a estar listos para venirse a mi reino. Mi reino donde también se ama y se goza al lado del Macho Cabrío o de dulces cantos angélicos que no tienen fin.
Al lado de poderosos y desposeídos que comen todos de la misma fuente, que beben todos del mismo vino porque después de muertos todos somos iguales, todos somos perfectos, todos somos amados y hermosos y añorados.
Cuánta gente no hay que se convierte en alguien sólo a partir de que se ha muerto. El primo Juan que fue asesinado por Vicente nunca figuró más allá de la labor de Amador, pero cuando lo mataron en la cantina por esos siete balazos que le reclamaban la vida que él quería entregarle a Lupita que ya estaba comprometida con Vicente, entonces si se volvió una noticia, por lo menos para nosotros en el pueblo.
Herminia, la doña de las tortillas, esposa de Duarte, dueña de los siete árboles de naranjo en el patio bardeado que nadie veía se volvió importante en el momento en que el camión la atropelló lanzándola contra unos botes de basura, donde yo la esperaba para tomarla en mis brazos, abrazarla, amarla, mecerla, darle el último arruyo y luego la bendición de llevarla conmigo y terminar esa vida apagada y casi desapercibida.
Liliana y su bebé de seis meses, cuándo se volvieron importantes para Marcos. Cuándo. Cuando ya no pudo hacer nada por ellas, porque un camión de la basura decidió terminar con la disyuntiva que significaba su existencia. Y Marcos desde entonces que vive sin vivir, pensando sólo en mí y en el momento que he de terminar su existencia que para él es poco valiosa. Solamente cree que existe por sus cuadros, por sus pinturas que una y otra vez repiten entre sus tonalidades el trazo y el olor de la tragedia que respira.
Porque su tragedia mayor es respirar.
Entonces, soy la más deseada, la más querida, la más inadvertida y ansiada mujer que se encuentra más cerca de lo que quizá todos desearían.
Tengo la pasión helada, tengo el corazón perdido. Pero tengo muchos, muchos vivos a quienes remediar.
Porque bien vista la muerte es un remedio. Un remedio delicioso para los males que significan la existencia.
Para los pleitos, para las pobrezas, para el desamor, para la violencia. Soy la solución, la más perfecta consejera. La única que quita el dolor para siempre.
Su compañera, la Muerte.
Como soy entonces tan buena, todos me dan nombres que me achican, que me acercan, que me humanizan tal vez: soy entonces la huesuda, la catrina, la dama, la parca (para los que creen que son más cultos, como si después de muertos esto importara)
Y entonces es cuando me vuelvo cercana y en los panteones me ponen altares, en cada tumba siempre tengo mi huesito de dulce, la calaverita del santo patrono del sepulcro en que estén bebiendo pulque o mezcal o tequila los más finos, aguamiel los niños y las mujeres, churros con chocolate, panes, tostadas, todo tipo de deleites y festines para acordarse de mi. De mi y del muertito que ya tengo conmigo, y que ese día suelto desde mi reino para que vuelva al mundo a saludarlos, a sonreírles, a jalarles las patas en el panteón o en su casa por no haberle recordado.
Soy una fiesta de Cempasúchil amarillo que no deja ni un huequito a las lápidas. De cruces por todos lados, de quema de velas, de risas y de música porque recuerdan a los difuntos.
Antes me confundían con las Cihuateteos. Esas muertas de parto que volvían el día de muertos por los chamacos que dejaron en la tierra, y para las que dejaban escobas y metates y molcajetes en los cruces de caminos para evitar que llegaran a la casa a reclamarle a sus maridos vestidos y telas y niños como cuando estaban vivas.
Pero las Cihuateteos son mis hermanas. Mis compañeras. No son iguales a mí. Nadie en verdad es igual a mí. Nadie en Absoluto. Por más nombres que me pongan y con que me identifiquen, nunca serán iguales a mí.
Ni serán los elegidos, aunque hayan muerto el 31 de diciembre, el día de San Silvestre y que por eso les pasen las riendas de mi carreta y se conviertan en mi carretero, que con caballos con ojos de fuego y belfos que resoplan frío vayan por allí recogiendo las almas de los que ya deben ser transportados a mi reino. El carretero de la Muerte. Pero nunca la muerte misma. Nunca.
Son mis sirvientes. Siempre sigo siendo la reina entre ellos y para ellos, por ellos también. Porque ellos me entronizan en sus corridos y canciones, en sus odas y elegías, en sus novelas y sentidos, sentidísimos poemas. En sus pinturas y en sus óperas, porque en todas las culturas sean las que sean siempre hay un lugar muy importante donde me colocan y me rinden el tributo que merezco, como su compañera.
Unos me hacen caricaturas donde se burlan de mi forma y la que toman los que ya están en mi reino, mis muertitos. Otros me pintan tremenda y bestial. Otros más me hablan al oído y me murmuran sentidas frases para atraerme, para que esté meciéndolos en la noche como si no tuviera yo más que hacer que ocuparme de los poetas y los músicos y de los artistas.
¿Qué no saben que en las cantinas también tengo mucho trabajo? Y en la pelea y entre las pandillas y con los narcos. Ah como me gusta subirme en las troconas de los narcos con sus llantotas todas imponentes al lado de sus escuadras y sus cuernos de chivo cuando van a hacer negocios. Tocarles la nuca cuando están pactando un asunto de vida o muerte, y luego llevarlos conmigo cuando les tocó perder. Desa cosecha tengo jovencitos, y no tan jovencitos y de todas las edades. Guapos, feos, pero eso sí, todos muy entrones y valientes. Jajajajajaja. Para qué les sirve lo valientes si terminan siempre conmigo, abrazados de mí, llorando y temblando porque se desangran mientras yo les canto para que se tranquilicen y se dejen llevar. Para que no se aferren a una vida que ya no tienen. Que nunca tuvieron porque la vida que se liga al peligro no es vida. No puede serlo porque no se puede amar, no se puede abrazar un niño sin sentir el dolor tremendo de perderlo cuando nos maten o cuando se tenga que ir de nuestro lado. Mejor no digo las maneras porque me puedo poner muy triste y melancólica.
Porque también en mi reino hay chiquitos. Chiquitos hermosos de mejillas sonrosadas que a veces pasan de su vida material a mi vida inmaterial. Y esos sí que me duelen porque hubiera deseado sortear con ellos sus aventuras y sus amores y sus bailes y sus excursiones en medio del panteón para ver quien era el más valiente de sus amigos. Y a esos chiquitillos no les tocó. Unos se mueren porque se enferman, pues bueno. Esos los recibo con los brazos abiertos porque acaba conmigo su dolor. Y los llevo rápido y con muy bonitos cantos al cielo. Porque son angelitos que dejan la tierra para irle a cantar más pronto a Dios. Y a veces siento que Dios es un tacaño por querer tener cerca las almas de los niños que mejor debieran de seguir viviendo. Que pa que los quiere, que pa que los atesora si hay tantos y tantos querubines y serafines y ángeles y arcángeles. Para qué quiere a los niños.
Y lloro por los campos y bajo la luz de la luna paseando mi blanco manto que flota en el viento. Lágrimas saladas, sin carne. Lágrimas sin sangre. Lamentos continuos y dolorosos.
Otros niños se mueren por la gente mala que les hace daños. Esos me duelen todavía más porque no tienen dolor alguno que terminar y de repente lo que les terminan es la existencia.
Por eso siempre que puedo les secreteo que se cuiden y que yo los protegeré cuando su ángel se descuide. Pero tengo mucho trabajo. Mucho mucho trabajo y pues a veces no puedo impedir que lleguen llorando a mis brazos a preguntarme que fue lo que pasó.
(SILENCIO TERRIBLE CON MÚSICA MUY TRISTE)
Si tengo mucho trabajo. Entre los sicarios también soy muy solicitada. Ellos me invocan y me rezan y me piden para que les cuide lo único que yo quiero: su vida.
Me río. Me río de los sicarios porque derraman sangre pero tienen un miedo espantoso a que se derrame la de ellos. Cuando ellos mismos lo único que acortan es su camino hacia mis brazos. Hacia mis dulces y helados brazos.
Querida y odiada. Perdida y hallada. Soy su única y perpetua compañera.
También soy santa. Hasta santa terminé. La Santa Muerte toda hecha de resinas preparadas con tierra y huesos de panteón quesque para amuletos. Y las velas que me prenden hechas con pelo y grasa de muerto. Como si fuera cierto que pueden sacar pelos y grasas de muertos las charlatanas que a veces se dan a sí mismas el nombre de adivinas o de brujas. Grasas de pollos y pelos de puerco es lo que usan, pero las gentes se creen todo lo que les dicen. Por eso hacen estatuas mías de tamaño chico, mediano, grade, de resina, de oro, con piedras preciosas, para colgarse, para ponerse, para los altares.
Para ponerme mis flores y mis velas y mis ofrendas y mi agua y mi sal. Y para que cada vela de cada color sirva para que les ayude a una cosa distinta. Para que cada estatua mía que hacen de diferente color les proteja de cierta manera. Que contra la envidia, que para tener amor, que para tener dinero.
Cuando lo único que necesitan es a ellos mismos. Los humanos. Los inseguros y poco tranquilos humanos. Los frágiles humanos que yo cuido como mi grey. Y no soy Dios. No por ello me estoy comparando con el patrón.
No lo vayan a pensar porque nunca soy blasfema. Imaginen que haríamos si pierdo mi trabajo. Soy la única que lo ha hecho por siglos, la única que lo conoce bien y que se da la agilidad necesaria para andar de un lado a otro recogiendo cadáveres. Y hasta escuchando sus ruegos y lamentos y oraciones y secretos.
Porque vaya que hasta secretos me cuentan. Les digo. Los humanos así son.
Hoy es mi día, sin embargo. Hoy es mi día y entonces me tocan cantos y fiestas y pulque y aguamiel. Me toca la calabaza con piloncillo y las enchiladas de mole negro y el arroz colorado y el pollo en salsa y el puerco en carnitas.
Hoy es día de pan y de huesitos y de azúcar y de dulces y de chocolate y de café con piquete también.
Hoy es día de corridos y de música y de guitarras en medio de los panteones y de velas y de cruces bonitas.
Hoy es día de acordarse de que tienen un reino al que van a ir, pero sobre todo, una reina a la que van a adorar.
LA MUERTE. (Caravana)
Thursday, October 13, 2005
REQUIEM
Frida. Querida perra, adorada y frágil chihuahueña.
Flaca y temblona.
Asesinada.
Se murió por debilidad extrema
después del ataque,
-y de que no tomó (porque no pudo)
su suero-
Descanse en Paz.
Flaca y temblona.
Asesinada.
Se murió por debilidad extrema
después del ataque,
-y de que no tomó (porque no pudo)
su suero-
Descanse en Paz.
Saldrian
Cuando vino decidido, y cansado, a devolverme el libro de Scooby doo que había pedido prestado me contó que su mamá le había prohibido terminantemente ver, leer o escuchar a Scooby porque esto le produce pesadillas. No puede y punto. Y se metió a buscar, entre los estantes que en realidad no son tantos, un cuento alternativo que si le dieran permiso de leer.
Es un niño increíble porque lee un cuento diferente cada día. Yo, por políticas institucionales, les presto un libro ya sea lunes, martes o miércoles, y jueves y viernes no porque luego no los devuelven y es bastante problemático. Y por tanto, yo lo tengo a él lunes, martes y miércoles pidiéndome cada día un libro diferente, y devolviéndome el anterior, el que ya leyó.
A veces oriento un poco sus preferencias. Es muy satisfactorio realmente. Es tan serio como un profesional; decidiendo entre uno y otro de acuerdo a sus diferencias específicas o temáticas.
Finalmente tocó la campana para que terminara el recreo, en el instante en que le entregué el libro ya checado para que pudiera leerlo en su casa y le informé que lo tenía que devolver el viernes. Una verdadera sonrisa le ilumió todo el infantil rostro de seis años. Tres días iba a tener con él al Dr. Seuss. Luego salió corriendo rumbo a las escaleras para formar filas y pasar a su clase, con el libro bajo el brazo.
Creo que lo increíble de este trabajo es en realidad poder darle a un niño una sonrisa de esas por un tesoro objetual que cada día está mas desvirtuado.
Friday, October 07, 2005
La chica
Me quedé colgada de su mirada
indiferente y a ninguna parte.
Me colgué de sus ojos
negros
árabes
estrábicos.
Como en fantasías de concubinatos imposibles
me imaginé a alguien tomado a su cintura
deseando sus pechos
volviéndose loco por sus besos.
Y me quedé imaginándolo solamente en la tarde fría y gris.
Sus ojos eran tristes.
El viento era frío.
No tenía una falda a su cadera
ni siquiera un deseo expreso en su boca.
Solamente era una hermosa mujer
de árabigos y grandes ojos negros
estrábicos
sin movimiento ni calor.
indiferente y a ninguna parte.
Me colgué de sus ojos
negros
árabes
estrábicos.
Como en fantasías de concubinatos imposibles
me imaginé a alguien tomado a su cintura
deseando sus pechos
volviéndose loco por sus besos.
Y me quedé imaginándolo solamente en la tarde fría y gris.
Sus ojos eran tristes.
El viento era frío.
No tenía una falda a su cadera
ni siquiera un deseo expreso en su boca.
Solamente era una hermosa mujer
de árabigos y grandes ojos negros
estrábicos
sin movimiento ni calor.
Tuesday, October 04, 2005
La inutilidad de las horas vacías que se encadenan me está ahogando. Las noticias terribles que tuve de lo que te ha pasado, conmigo enfrente y sin poder salvarte, me aterran. Me aterran, me atenazan, me amordazan, me frustran y me encadenan. Quiero ser libre para ser fuerte para salvarte. Quiero hacerlo pero mi mente me hace jugarretas y me evado y me bloqueo, mientras al segundo siguiente me lamento o me culpo.
Sólo se que la seguridad que te di, que yo creía conveniente y verdadera era una burla. Y tu no podías decírmelo porque te amordazaban las palabras y las amenazas y el círculo de la violencia que estabas viviendo. Al lado mío, a mi espalda, frente a mí quizá. Nunca sabré por qué no abrí los ojos para ver lo que ocurría. Nunca sabré por que mi egoísmo fue más fuerte que el grito de auxilio desmenuzado en el aire que surcaban tus enormes ojos tristes y negros, cada vez más densos y profundos. Nunca sabré, espero horrorizada, cuando ocurrieron a ciencia cierta los hechos, como dicen los legistas, porque entonces me daré cuenta que tal vez yo también estaba allí, privada, bloqueada. Pensando demasiado en mi misma o en lo que me faltaba o en lo que quería o en lo que no tenía o en lo que quisiera tener. Quizá fijándome en mi propio miedo en lugar de ver el tuyo, que todas las noches querías que estuviera a tu lado dormida.
Dormida. Privada. Qué se yo. Sorda a tus gritos, a tu miedo. "Duermete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá", y el coco dormía realmente en la otra cama. Era un coco terrible y nauseabundo. Más de lo que nunca podría imaginar. De hoy en delante los demonios permanecerán afuera, tal y como debió de haber sido siempre.
Monday, October 03, 2005
Mi niño
Enmedio de la noche sus ojos negros abiertos
aterrorizados.
La distancia de un centímietro
entre él y yo:
demasiada.
Su llanto
su aislamiento
sus manchas
en la ropa interior
Síntomas que no malicié
(como podría).
Niño no te sabes limpiar y ya estás grande.
Su inseguridad que no conseguía
por nada
conjurar.
Ahora se me desvela el misterio
terrible misterio
monstruoso.
Duerme tranquilo, desde ahora
nunca jamás te volverá a tocar.
aterrorizados.
La distancia de un centímietro
entre él y yo:
demasiada.
Su llanto
su aislamiento
sus manchas
en la ropa interior
Síntomas que no malicié
(como podría).
Niño no te sabes limpiar y ya estás grande.
Su inseguridad que no conseguía
por nada
conjurar.
Ahora se me desvela el misterio
terrible misterio
monstruoso.
Duerme tranquilo, desde ahora
nunca jamás te volverá a tocar.
Friday, September 30, 2005
Las sombras
Ayer en la noche empezaron a acercarse las sombras, las sombras de lo trágico, de lo funesto. Suena terrible, pero así fue. Sucesos infortunados que se encadenan, y que tienen como única liga entre sí el hecho de que yo los ví recién ocurridos, o cercanos a mí emocionalmente.
Estando estacionada, esperaba que volviera Rafa de comprar una barra de pan y oí un frenon a la izquierda. Un señor que venía en una camioneta por poco y se lleva al ciclista que venía por enmedio del pequeño estacionamiento. El copiloto se bajó bociferando contra el pobre ciclista azorrillado porque rayó la camioneta, tan blanca y tan limpia. No pasó a mayores, unas cuantas consideraciones y el ciclista se fue.
Luego, en la mañana, un accidente en la vía muy cerca del trabajo. Vi el vehículo. Era el bocho blanco de una de las compañeras con una abolladura muy extraña del lado superior derecho del carro. Un choque impacta abajo, no arriba. Tenía la mitad del parabrisas quebrado, y ella hablaba con un agente mientras una mujer a su lado, que no alcancé a reconocer hablaba por el celular. Y pensé, ah, Elvira, que le habrá pasado. Obvia decir que la preocupación fue poca pero inmediata. "Fué un atropellado" dijo Rafa que iba manejando a mi lado. Y entonces pude ver al señor como de cincuenta, gordo y pesado, recostado en un charco de sangre tres metros más atrás del vehículo. La sangre estaba fresca, y el charco crecía mientras el señor mostraba un cráneo muy dañado. Entonces sí que me sobrecogí, me asusté, me angustié. Pensé en que ella quedaría consignada y en mil quinientas historias en las que la eximía de toda responsabilidad. Obvio, la conozco y simpatizamos, aunque no podemos decir que somos amigas. Luego, ya dentro de la escuela escuché muchas versiones: que había atropellado a un niño. Mentira, y expliqué que se trataba de un señor, que yo lo vi y recién había pasado cuando lo ví. Que ella había tenido la culpa por ir por el carril del Metrobús. Bueno, eso quien sabe. Y empezaron a surgir las versiones.Y las preocupaciones porque si el señor se moría a ella le iba a ir peor.
Ahora la versión oficial es que una camioneta frenó y el señor chocó incapaz de detenerse; se fué de lado, volando, y vino a estrellarse en el parabrisas de Elvira, quien ahorita está en el Ministerio Público. Entonces, a ella le llovió un señor y el responsable, uno que manejaba camioneta, como el de anoche, se fue. Ella no se echó la culpa como le decían. Que bueno. Mínimo la tragedia le pasó a una mujer fuerte que no se deja azorrillar y que se sabe defender.
Mientras masticaba la angustia por saber como está ella me habla Rafa por teléfono también con una noticia muy mala: que la Frida había sido atropellada. Y que nosotros la atropellamos en la mañana. Mentira. Yo la vi como salió de abajo del carro corriendo cuando el auto encendió y como se fue, una vez que nosotros nos movimos, para volver al pedacito de hierba que seguramente todavía estaba calientito donde había estado echada.
Rafa dice que no sintió nada. Pues claro. No la atropelló nadie. Un perro grita. Lo sé porque así fue como maté a la Picachú, con todo el dolor que todavía eso me produce. Entonces, si la Loba estaba acosándola desde hace días, pensé que es ella la que debe de haberla mordido. Luego me habló mi mamá para decirme que el veterinario, que está viva, que hay que medicarla y tantas cosas más. Yo le dije lo de la Loba y por qué sé que no fuimos nosotros. Ella me alzó la voz y me dijo que el veterinario sabía mejor que yo lo que había pasado porque él la revisó. Pero yo la ví en la mañana. Y yo la vi bien, totalmente bien. Ahora solamente me queda cuidarla hasta que sane.
La tragedia de Elvira fue mucho mayor, ya se sabe. Pero la Frida va a tardar seis meses en recuperarse y la voy a cuidar yo. Entonces, me toca más de cerca. Sólo Dios sabe por ahora si ésta es la última tragedia que me toca ver.
Friday, September 23, 2005
Compañero, camarada
Hoy en día tenemos aún el residuo léxico de nuestros, lejanos ya, días de comunistas militantes, férreos y apasionados. En algunos de los barrios en donde solían tener cabida los militantes han quedado estos vocablos como muestra innegable de una realidad pasada.
Ahora se utilizan para denominar a alguien, pero no a cualquiera, con el que tenemos una liga de carácter social. Cuando se utiliza la palabra compañero la usamos para designar a alguien con quien de alguna manera tenemos relación (laboral, social) pero que no conocemos aunque respetamos. Es como el título de respeto que conferimos para que sepa que para nosotros es muy importante, que ocupa un lugar, que no es cualquier persona.
En cambio, cuando designamos a alguien como camarada, estamos hablando de una persona que es más que un amigo o un hermano. Un camarada, en ese entonces, era un compañero de lucha que era tan leal y tan fiel que era incapaz de delatar a los compañeros de lucha así mediara la tortura, la fea y terrible tortura de las cárceles a las que llevaban a los militantes comunistas, de las que muchas veces los presos no salían vivos; a veces, los lazos entre estos presos o estos militantes, jóvenes en ese entonces casi todos, sólo eran la identificación dentro del grupo ideológico, del grupo de lucha. Y sin embargo, pese a ser tan débiles aparentemente, un camarada nunca abría la boca para delatar a un compañero.
Hay amigos, hay hermanos, y hay camaradas. Cuando se es camarada el lazo fraterno que nos une con esa persona es muchas veces mayor.
Residuos léxicos que ahora nos redefinen la escala de los cariños y las relaciones interpersonales. Pero que no es bueno que olviden su origen para que tampoco perdamos la dimensión que realmente poseen.
Tuesday, September 20, 2005
Esa Noche
Mis ansias se escurrían fuera de mí contra mi voluntad, te lo aseguro. Mis manos volaban lejos como palomas deseando ser atrapadas. Mis planes no hechos y mis ganas de tenerte, porque me parecías demasiado bueno como para que fueras mío me traicionaban y se me salían por los poros mientras estabas sentado, allí, al lado mío todo cubierto por aquél grueso y rudo hábito café que te confería tu calidad de fraile. Monje, decía yo. Luego me explicaste la diferencia entre uno y otro, tan sutil que uno que está acá afuera no la sabe. Pero tan importante que si hubieses sido monje no te conozco, no te trato. No hubieses salido del claustro.
Y siento miedo cuando lo pienso. Siento pavor dentro de mi porque entonces como hubiese hecho para cazarte, pájaro rudo y huidizo. Rudo porque no eres nada dócil. Huidizo porque ah como batallé para cazarte, sobre todo porque te cacé sin usar escopeta alguna.
Mis ojos me traicionaban. Mis manos y mis ojos. Y mis sonrisas y mis ganas que se te entregaban sin yo quererlo, sin pretenderlo porque respetaba tu armadura. Tu gruesa armadura bajo la que te escondías, porque muchas veces te sirvió de escudo contra mí, te confesaste. En una lucha que ni siquiera pretendía que existiera porque me parecía que yo no era nada buena para ti. Entonces, me descuidé y dejé chorrear hacia afuera esos ríos de amor que se me salían por los ojos. Nunca tuve la precaución de retenerlos y fingir. Para que, si tu de todos modos no me escogerías, pensaba. Y mira. Mira ahora, tantos meses, tantos días, tantos abrazos después. Que bueno que tu si sabes leer los signos y no te esperas a las palabras expresas. Hoy eso tuvo para mí su recompensa, cuando te sentí en la madrugada. Tu cuerpo bañado por la luna, recostado, libre, profundamente dormido, entregado a este ensueño feliz que significa la existencia cotidiana me confesó que hice lo correcto. Hice lo correcto a pesar de que muchas veces le pregunté a Dios si no estaría haciendo mal por desviar a uno de sus mas queridos hijos de la vida consagrada. Hice lo correcto porque me descuidé y porque me dejé salir por los ojos y por los poros y por los rincones de las sonrisas. Hice lo correcto, ahora sólo me queda seguir las noches y los días viviéndolos como si fueran el último que estoy a tu lado. Intensamente. Que trillado, pero hay palabras insustituibles. Sólo intensamente vividos son correctos los días que corren al lado tuyo. Intensamente tuyos, mís días.
Monday, September 19, 2005
la Fiesta
Los fuegos artificiales remontan el cielo desde la explanada, rápidos, certeros, toman por su cuenta el cielo y explotan en una miriada de luces que caen como cascadas hacia nosotros que los vemos desde abajo mudos del espanto, espectantes y fascinados.
Unos son más grandes que otros. Unos son más intensos. Unos silban y suben y zigzaguean como si se tratara de una pelea por ver quien es el que llega más alto, más lejos. Son naranjas, rojos, verdes, blancos, dorados. De muchos colores y de muchos tipos de explosión. Fuertes, pequeñas, silbonas.
Otros se escurren por el aire como las ramas de un sauce llorón. Algunos más construyen árboles calamáricos o corálicos por un instante, luego se apagan. Y los rastros, como medusas muertas, son arrastrados por el viento en una procesión de nubes de humo que se desbaratan y se acumulan en una nube final, seguramente aeropista para guerreros núbicos impensados.
Que padre poder ser el orquestador de fuegos, y con profunda emoción programar las explosiones de pólvora que van a mantener una multitud, por un instante, homogénea y plácida, disfrutando la sinfonía construída de modo tan preciso y certero.
Sinfonía de pólvora y fuego, de color y sonido. De miedo y de luz. De oscuridad y de humo.
Una vez que el océano del cielo se llena de esas profusas medusas que se desbaratan, tomamos el camino de regreso satisfechos y felices por haber visto desde tan cerca el espectáculo completo.
Nada nos queda más que la satisfacción de haber estado juntos, juntos y compartiendo nuestro cariño enmedio de esa multitud que desaparece cuando nos abrazamos los tres en nuestros abrazos de oso que nos unen como uno.
Thursday, September 15, 2005
Todo huele a fiesta
Todo huele a fiesta patriota. Patriotera. Sólo hay unos pocos que se abstienen de participar y no comen, no bailan. Quizá de deveras tampoco sienten o aman este país. Quien sabe.
Escondida detrás de mi misma observo a mi alrededor y disfruto de esos trajes típicos que ya no lo son, de esa comida típica que tampoco lo es, de esos peinados de porcelana y de esas caras maquilladas como de muñequita. Falsas, falsas, falsas, divinamente falsas.
Otros tienen la fortuna de poseer la camiseta del equipo mexicano de futbol y con eso cubren la necesidad de sentirse parte de esta patria portando alguna ropa alusiva al 16 de septiembre que nos liberó de España, y que nos señala como mexicanos porque lo mexicano solamente es ser chinaco, china poblana, o aficionado al futbol, supongo. Porque no he visto a nadie con cuerera, por ejemplo, o con uniforme de obrero, y que vaya, tambien son altamente mexicanos.
Obvio, nos liberamos para volvernos esclavos de alguien más. Eso lo sabemos pero hoy nos toca el mitote y lo olvidamos. Antojitos en la plaza, gritos, alegría, gente, fuegos pirotécnicos, tepache, cazuelas, fritanga.
Como si no supieramos que nuestra ropa, nuestras costumbres, nuestra comida y nuestro lenguaje también está globalizado. Por lo tanto, nuestro traje típico es un pantalón de mezclilla y una playera, o el uniforme del trabajo que es lo que utilizamos la mayor parte del día. Y nuestra comida una pizza rapida, un kentuky, un mc donalds en el peor de los casos, y una carl's junior en el mejor. Y como si no supieramos que esa misma globalización ha terminado de alienarnos y convertirnos en eso que vagamente nos explicaban como un concepto abstracto: el hombre masa.
Tuesday, September 06, 2005
La libertad
Por mi ventana se ve, no tan lejos, la falda del cerro toda verde y escabrosa. Veo sus riscos, casi distingo a las personas caminando por las veredas.
Y recuerdo.
Recuerdo como la última vez que fui la brisa secaba mi sudor, generado por el esfuerzo de trepar por entre las piedras.
Volteo a mi alrededor. Libros. Una biblioteca. Vivo dentro de ella, y aquí paso la mayor parte del día, de mis días. Y recuerdo un libro infantil donde se evocaba, a cada paso, un pájaro que volaba.
Me siento importante siendo la manda mas de una biblioteca. Controlando los libros, sus entradas, sus salidas, los prestamos, lo que puede tomarse o no. Me siento grande. No lo soy, pero así me siento.
Y entonces, sólo entonces, dejo de evocar ese paraíso terrenal en el que también estuve hace algunos días, y dejo de desear ser libre para poder irme a escalar y escuchar el sonido del viento entre los árboles, y el murmullo de los pájaros que se secretean cosas que quizá ya fueron dichas.
Dejo la libertad para sentirme segura dentro de estas cuatro paredes, llenas de libros que me hacen tener alguna coherencia vital.
Esta mañana
La neblina estaba cubriendo las colonias y el campo que aún dormía cuando empezamos nuestra rápida carrera para internarnos en el aparato social en el que vivimos diariamente insertos desde nuestro puesto de trabajo. Y esto nos permitió ponernos a reflexionar.
Realmente, si contamos las horas de trabajo desde salir del hogar hasta volver a él, no tenemos mucha diferencia de los jornaleros de principios del siglo XX que trabajaban de sol a sol. De hecho, nosotros también nos levantamos con el alba -o un poco antes teniendo en cuenta que ya no son los gallos sino los despertadores los que nos recuerdan nuestros deberes-, la diferencia es que no nos acostamos, como ellos, con la puesta del sol. Seguimos trabajando en casa: en hacer comida para llevar al día siguiente y poder alimentarnos más sanamente que si compramos comida callejera, planchar, lavar, arreglar un poco la casa donde vivimos, bañar al niño, cenar, leer un poco y después caer a la cama como en coma, en un pesado sueño ininterrumpido hasta el siguiente día, cuando antes del alva tendremos que levantarnos nuevamente para repetir exacta la misma rutina por días y días destructores.
Todos los organismos gubernamentales se quejan de la alienación del individuo y de que se esté destruyendo la sociedad, la familia, que se estén perdiendo los valores. Ahí es donde caigo en cuenta de que Marx no era un teórico económico, sino un visionario, un profeta.
Porque los sistemas de producción capitalista, esos en los que vivimos y felizmente nos desarrollamos, exigen jornadas laborales imposibles de ser interrumpidas mas que el breve momento que dedicamos a comer (obviamente alejados de nuestras familias) para volver inmediatamente, sin reposo alguno, a ocupar nuestro puesto de trabajo para continuar produciendo frío numerario.
Tenemos derechos. Los hemos ganado, pensamos adentro de nuestras empequeñecidas y adoctrinadas mentes. Tenemos derecho a una semana de vacaciones por todo un año laboral, tenemos derecho a que estas vacaciones aumenten un día por año de antiguedad en el empleo, tenemos derecho a que nuestras horas laborales se nos paguen en el mínimo permitido para subsistir, y que encima se nos abrume con cuotas de impuestos gubernamentales que nos ahorcan.
En europa obligan a las personas a tomar un mínimo de un mes de vacaciones, en los paises mas pobres. En éste, si estamos de vacaciones o de descanso preferimos hacer todo aquello que no podemos en los días laborables y nos enfrascamos en otro tipo de trabajo, pero trabajo al fin.
El descanso no existe, no es posible conocerlo en este universo, que los teóricos económicos llaman tercermundista.
Entonces, si los horarios y estas jornadas laborales agotadoras es lo que reduce al mínimo la convivencia familiar y no nos permite crear lazos fuertes o inyectar valores en nuestros hijos, la solución podría ser el autoempleo, las empresas familiares en las que incluso laborando se convive. Otra peligrosa arma de doble filo. Porque entonces las relaciones familiares se vuelven laborales, y los turnos de trabajo se extienden para poder conseguir tener una vida digna, aunado a un aumento considerable en el índice de estres que, como las labores económicas, ahora compartiríamos con nuestros hijos, esposa, esposo, y demás.
Una solución posible. ¿Existe, es fácil encontrarla? Dicen que para poder resolver un problema lo primero que tenemos que hacer es reconocerlo. Entonces, reconozco que los tecnócratas que aumentan lo máximo legalmente permitido las jornadas laborales son los que destruyen a la sociedad desde su célula misma, la familia.
Por tanto, a todas las organizaciones llenas de esposas de esos mismos tecnócratas, que buscan resarcir las culpas heredadas de sus cómodas vidas económicamente deshaogadas ayudando a los socialmente desprotegidos, se los comunico. No hay que inyectar valores en una sociedad desvalorizada, sino convencer a sus maridos que no ven (porque de hecho tienen peores jornadas que las de sus trabajadores) de que reduzcan las jornadas laborales de modo que las familias puedan convivir por lo menos una hora más diariamente, para tratar de conocerse o intentar convivir.
O, individualmente, sortear todos los paradigmas en contra y conseguir un maravilloso empleo que nos permita estar un poco más en casa, y poder seguir comiendo y viviendo una existencia cómoda en la que los valores económicos, impuestos también, sean racionalmente reducidos a su tamaño exacto para permitirnos saber que lo que importa son las personas, y no las pat fainders, o los play station, o los perfumes carísimos.
Wednesday, August 24, 2005
Encuentro
Como desde el cielo,
meditación profunda de la tarde,
has caído para corporeizarte junto a mí,
ángel equívoco o equivocado arcangel
has buscado en el planeta la alegría de tí mismo
sin encontrarla
sin sentirla
sin pertenecerle.
Y me has hallado.
me has hallado profundamente conmovida
por lo que encuentro
en el fondo de tus ojos.
Me has hallado
extasiada ante el suspiro profundo que exhalas
despues de juntar tus labios con los míos,
y yo,
trémula,
exánime,
y vacía
me he llenado de ti.
nítido sol de mediodía, abrasame
y en tus llamaradas
pierdeme
fundeme
absorbeme.
meditación profunda de la tarde,
has caído para corporeizarte junto a mí,
ángel equívoco o equivocado arcangel
has buscado en el planeta la alegría de tí mismo
sin encontrarla
sin sentirla
sin pertenecerle.
Y me has hallado.
me has hallado profundamente conmovida
por lo que encuentro
en el fondo de tus ojos.
Me has hallado
extasiada ante el suspiro profundo que exhalas
despues de juntar tus labios con los míos,
y yo,
trémula,
exánime,
y vacía
me he llenado de ti.
nítido sol de mediodía, abrasame
y en tus llamaradas
pierdeme
fundeme
absorbeme.
Tuesday, August 16, 2005
EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
| El Sagrado Corazón de Jesús Es una estatua brillante y sola con una rosa callejera comprada apoyándose en sus pies. |
EL SANTÍSIMO
| Aquí está el Santísimo. Le tienen enc errado en una cueva de oro, pero cueva al fin. Afuera lucen las velas y los candelabros y las cuatro columnas salomónicas que sostienen una cúpula también de oro en cuyas cuatro esquinas hay arcángeles. La mesa y los adornos también son ricos en mármoles. Pero el Santísimo está en el rincón más alejado de la Iglesia. En el más inaccesible. Afuera los carros, la música, la plaza y la gente. Adentro el Santísimo está solo, custodiado por un hombre que duerme agachado sobre sus mismas rodillas, hecho un ovillo como un gato. Todo es muy hermoso donde está. Antiguo y majestuoso. Algunas veces sería bueno oír el silencio y el ronroneo de los aparatos de clima artificial quebrado por la voz pura de un niño que ríe. Quizá sólo entonces podría olvidarse esta terrible gravedad del sitio, y dentro de su cueva oscura, el Santísimo pudiera sonreír. |
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