Ayer en la noche empezaron a acercarse las sombras, las sombras de lo trágico, de lo funesto. Suena terrible, pero así fue. Sucesos infortunados que se encadenan, y que tienen como única liga entre sí el hecho de que yo los ví recién ocurridos, o cercanos a mí emocionalmente.
Estando estacionada, esperaba que volviera Rafa de comprar una barra de pan y oí un frenon a la izquierda. Un señor que venía en una camioneta por poco y se lleva al ciclista que venía por enmedio del pequeño estacionamiento. El copiloto se bajó bociferando contra el pobre ciclista azorrillado porque rayó la camioneta, tan blanca y tan limpia. No pasó a mayores, unas cuantas consideraciones y el ciclista se fue.
Luego, en la mañana, un accidente en la vía muy cerca del trabajo. Vi el vehículo. Era el bocho blanco de una de las compañeras con una abolladura muy extraña del lado superior derecho del carro. Un choque impacta abajo, no arriba. Tenía la mitad del parabrisas quebrado, y ella hablaba con un agente mientras una mujer a su lado, que no alcancé a reconocer hablaba por el celular. Y pensé, ah, Elvira, que le habrá pasado. Obvia decir que la preocupación fue poca pero inmediata. "Fué un atropellado" dijo Rafa que iba manejando a mi lado. Y entonces pude ver al señor como de cincuenta, gordo y pesado, recostado en un charco de sangre tres metros más atrás del vehículo. La sangre estaba fresca, y el charco crecía mientras el señor mostraba un cráneo muy dañado. Entonces sí que me sobrecogí, me asusté, me angustié. Pensé en que ella quedaría consignada y en mil quinientas historias en las que la eximía de toda responsabilidad. Obvio, la conozco y simpatizamos, aunque no podemos decir que somos amigas. Luego, ya dentro de la escuela escuché muchas versiones: que había atropellado a un niño. Mentira, y expliqué que se trataba de un señor, que yo lo vi y recién había pasado cuando lo ví. Que ella había tenido la culpa por ir por el carril del Metrobús. Bueno, eso quien sabe. Y empezaron a surgir las versiones.Y las preocupaciones porque si el señor se moría a ella le iba a ir peor.
Ahora la versión oficial es que una camioneta frenó y el señor chocó incapaz de detenerse; se fué de lado, volando, y vino a estrellarse en el parabrisas de Elvira, quien ahorita está en el Ministerio Público. Entonces, a ella le llovió un señor y el responsable, uno que manejaba camioneta, como el de anoche, se fue. Ella no se echó la culpa como le decían. Que bueno. Mínimo la tragedia le pasó a una mujer fuerte que no se deja azorrillar y que se sabe defender.
Mientras masticaba la angustia por saber como está ella me habla Rafa por teléfono también con una noticia muy mala: que la Frida había sido atropellada. Y que nosotros la atropellamos en la mañana. Mentira. Yo la vi como salió de abajo del carro corriendo cuando el auto encendió y como se fue, una vez que nosotros nos movimos, para volver al pedacito de hierba que seguramente todavía estaba calientito donde había estado echada.
Rafa dice que no sintió nada. Pues claro. No la atropelló nadie. Un perro grita. Lo sé porque así fue como maté a la Picachú, con todo el dolor que todavía eso me produce. Entonces, si la Loba estaba acosándola desde hace días, pensé que es ella la que debe de haberla mordido. Luego me habló mi mamá para decirme que el veterinario, que está viva, que hay que medicarla y tantas cosas más. Yo le dije lo de la Loba y por qué sé que no fuimos nosotros. Ella me alzó la voz y me dijo que el veterinario sabía mejor que yo lo que había pasado porque él la revisó. Pero yo la ví en la mañana. Y yo la vi bien, totalmente bien. Ahora solamente me queda cuidarla hasta que sane.
La tragedia de Elvira fue mucho mayor, ya se sabe. Pero la Frida va a tardar seis meses en recuperarse y la voy a cuidar yo. Entonces, me toca más de cerca. Sólo Dios sabe por ahora si ésta es la última tragedia que me toca ver.

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