Todo huele a fiesta patriota. Patriotera. Sólo hay unos pocos que se abstienen de participar y no comen, no bailan. Quizá de deveras tampoco sienten o aman este país. Quien sabe.
Escondida detrás de mi misma observo a mi alrededor y disfruto de esos trajes típicos que ya no lo son, de esa comida típica que tampoco lo es, de esos peinados de porcelana y de esas caras maquilladas como de muñequita. Falsas, falsas, falsas, divinamente falsas.
Otros tienen la fortuna de poseer la camiseta del equipo mexicano de futbol y con eso cubren la necesidad de sentirse parte de esta patria portando alguna ropa alusiva al 16 de septiembre que nos liberó de España, y que nos señala como mexicanos porque lo mexicano solamente es ser chinaco, china poblana, o aficionado al futbol, supongo. Porque no he visto a nadie con cuerera, por ejemplo, o con uniforme de obrero, y que vaya, tambien son altamente mexicanos.
Obvio, nos liberamos para volvernos esclavos de alguien más. Eso lo sabemos pero hoy nos toca el mitote y lo olvidamos. Antojitos en la plaza, gritos, alegría, gente, fuegos pirotécnicos, tepache, cazuelas, fritanga.
Como si no supieramos que nuestra ropa, nuestras costumbres, nuestra comida y nuestro lenguaje también está globalizado. Por lo tanto, nuestro traje típico es un pantalón de mezclilla y una playera, o el uniforme del trabajo que es lo que utilizamos la mayor parte del día. Y nuestra comida una pizza rapida, un kentuky, un mc donalds en el peor de los casos, y una carl's junior en el mejor. Y como si no supieramos que esa misma globalización ha terminado de alienarnos y convertirnos en eso que vagamente nos explicaban como un concepto abstracto: el hombre masa.

No comments:
Post a Comment