Thursday, October 13, 2005

Saldrian

Cuando vino decidido, y cansado, a devolverme el libro de Scooby doo que había pedido prestado me contó que su mamá le había prohibido terminantemente ver, leer o escuchar a Scooby porque esto le produce pesadillas. No puede y punto. Y se metió a buscar, entre los estantes que en realidad no son tantos, un cuento alternativo que si le dieran permiso de leer.
Es un niño increíble porque lee un cuento diferente cada día. Yo, por políticas institucionales, les presto un libro ya sea lunes, martes o miércoles, y jueves y viernes no porque luego no los devuelven y es bastante problemático. Y por tanto, yo lo tengo a él lunes, martes y miércoles pidiéndome cada día un libro diferente, y devolviéndome el anterior, el que ya leyó.
A veces oriento un poco sus preferencias. Es muy satisfactorio realmente. Es tan serio como un profesional; decidiendo entre uno y otro de acuerdo a sus diferencias específicas o temáticas.
Finalmente tocó la campana para que terminara el recreo, en el instante en que le entregué el libro ya checado para que pudiera leerlo en su casa y le informé que lo tenía que devolver el viernes. Una verdadera sonrisa le ilumió todo el infantil rostro de seis años. Tres días iba a tener con él al Dr. Seuss. Luego salió corriendo rumbo a las escaleras para formar filas y pasar a su clase, con el libro bajo el brazo.
Creo que lo increíble de este trabajo es en realidad poder darle a un niño una sonrisa de esas por un tesoro objetual que cada día está mas desvirtuado.

1 comment:

Anonymous said...

Qué gusto saber de estas pequeñas satisfacciones, ahora que eres la guardiana de los libros.

De alguna manera eres la compañera-guía de ese pequeño lector. ¡Enhorabuena! A recorrer esos interminables caminos.

Abel Garza.