La realidad es algo que uno solo se inventa a partir de los supuestos que nos rodean. Suponemos quienes son nuestros padres porque se afanan en decírnoslo una y otra vez, igual que suponemos quienes son nuestros hermanos. Reduciendo, siempre, la realidad a semántica y lingüística resbalosa y jabonosa que mezcla términos para crear esferas semióticas que se revienten de pronto y a lo mejor sin querer.
Primero tenemos que saber la definición de hermano, padre o madre para después saber a quienes nos toca designar como tales. Luego, suponemos también la realidad a partir de nuestra percepción y los conceptos que tenemos de lo que nos rodea.
Y como una burbuja de jabón hermosa que de pronto tenemos ante nuestros ojos, que muta, cambia, se eleva, cae, se aleja y finalmente se revienta, se comporta la realidad.
Hoy tenemos una familia y unos amigos y un trabajo y unas cosas. Mañana será diferente el universo que no hemos elegido que nos rodee o al que concientemente nos adscribimos.
Y como una nueva realidad vertida de nuevas mezclas de jabón emergerá la nueva burbuja que nos contenga.

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