Es viernes por la tarde y maravillosamente estoy sola en casa. Me parece tan enorme y hermoso que lo primero que hago es conseguir papitas, queso untable y una cobija, porque siento un poco de frío, y me envuelvo. También tengo a la mano una buena pepsi bien fria y empiezo a cerdear sin culpa viendo la tele. Las caricaturas no son cosas que nunca veo, mas bien son mis programas habituales teniendo un niño de seis años, así que busco la violencia inedita y expedita del canal de las estrellas.
Me hallo con Mujer, casos de la vida Real y decido ver el programa enterito, cosa poco probable si está mi familia junta. Que bien. Primero tenemos una historia de una mujer que se casa con un gringo y a la que el mismo y engañoso y criminal gringo le roba los chamacos. Al final, doña Silvia Pinal nos asegura que es fecha que la valiente mujer, a quien el gringo mantuvo en la cárcel mientras estuvo en USA porque sembró droga en el cuarto de hotel donde la dejo abandonada antes de hablarle a la migra, ha cruzado varias veces la frontera buscando a sus creaturas sin hallarlas, y que siendo como es experta en brincarse el charco y en el coyotaje, ha logrado burlar a la policía, internarse en territorio americano lo suficiente en tiempo y profundidad para buscar a sus chamacos. Y doña Silvia es tan desvergonzada que lo dice en cadena nacional.
En la otra historia, una mujer con tres hijos que no tiene dinero mejora su situación porque su cuñado le consigue un trabajo en una fábrica, y aprovecha que la niña mayor le cuidaba los chiquillos a su mama para entrar a casa y llevarse a esa niña, la mayor, con engaños y robársela.
Obvio, instan a la secuestradora, la tía carnal de la niña a devolverla aclarando que su hermana no presentará cargos, todo después de decirle que eso constituye un delito federal.
Ah que impresión y que ansiedad. Eso del robo de niños y yo en casa esperando a que lleguen mis dos pelaos, Rafa y Miguelito. ¿Les pasaría algo? las papas como que se me atoran y como que se empieza a revelar la gastritis en mi estómago. No es posible. Y empiezo a pensar si no les habrá pasado algo. Y mi buen viernes se transforma en toda una pesadilla de estrés gracias a doña Silvia y sus programas "de la vida real". Creo que debí de haber visto mejor las caricaturas.
Finalmente llegan tan contentos y contándome todo lo que les pasó en el camión. Ah mi tarde solitaria de viernes. No vuelvo a prender esos programas si no estoy bien segura de lo que le pueden hacer a mi cerebro mutante.
