Friday, January 27, 2006

Viernes

Es viernes por la tarde y maravillosamente estoy sola en casa. Me parece tan enorme y hermoso que lo primero que hago es conseguir papitas, queso untable y una cobija, porque siento un poco de frío, y me envuelvo. También tengo a la mano una buena pepsi bien fria y empiezo a cerdear sin culpa viendo la tele. Las caricaturas no son cosas que nunca veo, mas bien son mis programas habituales teniendo un niño de seis años, así que busco la violencia inedita y expedita del canal de las estrellas.
Me hallo con Mujer, casos de la vida Real y decido ver el programa enterito, cosa poco probable si está mi familia junta. Que bien. Primero tenemos una historia de una mujer que se casa con un gringo y a la que el mismo y engañoso y criminal gringo le roba los chamacos. Al final, doña Silvia Pinal nos asegura que es fecha que la valiente mujer, a quien el gringo mantuvo en la cárcel mientras estuvo en USA porque sembró droga en el cuarto de hotel donde la dejo abandonada antes de hablarle a la migra, ha cruzado varias veces la frontera buscando a sus creaturas sin hallarlas, y que siendo como es experta en brincarse el charco y en el coyotaje, ha logrado burlar a la policía, internarse en territorio americano lo suficiente en tiempo y profundidad para buscar a sus chamacos. Y doña Silvia es tan desvergonzada que lo dice en cadena nacional.
En la otra historia, una mujer con tres hijos que no tiene dinero mejora su situación porque su cuñado le consigue un trabajo en una fábrica, y aprovecha que la niña mayor le cuidaba los chiquillos a su mama para entrar a casa y llevarse a esa niña, la mayor, con engaños y robársela.
Obvio, instan a la secuestradora, la tía carnal de la niña a devolverla aclarando que su hermana no presentará cargos, todo después de decirle que eso constituye un delito federal.
Ah que impresión y que ansiedad. Eso del robo de niños y yo en casa esperando a que lleguen mis dos pelaos, Rafa y Miguelito. ¿Les pasaría algo? las papas como que se me atoran y como que se empieza a revelar la gastritis en mi estómago. No es posible. Y empiezo a pensar si no les habrá pasado algo. Y mi buen viernes se transforma en toda una pesadilla de estrés gracias a doña Silvia y sus programas "de la vida real". Creo que debí de haber visto mejor las caricaturas.
Finalmente llegan tan contentos y contándome todo lo que les pasó en el camión. Ah mi tarde solitaria de viernes. No vuelvo a prender esos programas si no estoy bien segura de lo que le pueden hacer a mi cerebro mutante.
La vida es un complejo mar de maravillas. Y como un mar se torna violenta, profunda, oscura, terrible y asfixia. Ahora mismo he despertado por la mañana con la conciencia cansada como de pasadas y terribles batallas, sucesivas, que he tenido que enfrentar y que me agotan. Ahora mismo resuello sentada en una piedra a la orilla del río con mis armas relucientes y mi armadura puesta. Y lloro. Lloro porque no quiero ser así, porque no sé por qué me tocan tantas y tantas batallas y por qué siempre estoy luchando y luchando sin descanso. Si es un complejo mar de maravillas, tan complejo que he batallado mucho mucho en conquistarlo, como misiones de video game.

Tuesday, January 24, 2006

Mi té

Mi té caliente por la mañana es amarillo
yo lo cuido mientras camino el trecho que me separa
del sitio donde lo sirvo
y con mucho amor lo preparo
hasta donde se supone que me debo apoltronar.

Por la mañana quisiera poder saludar en otra lengua
y que en esa otra lengua me contestaran.
Y el aire oliera a otro aire
y yo a otra yo mas libre y soberana.

Ahora mismo yo sé que ya no tengo mas ataduras
pero recién mis alas se abren y empiezan a ejercitarse.

Todavía duelen de lo ateridas de tanto tiempo
y tanto sudor y tantas lágrimas
y de los grilletes terribles.

Pero todavía no alcanzo a tomar conciencia plena
de lo libre que ahora soy.

Monday, January 23, 2006

Mis libros

Ahora mismo he llenado toda la parte trasera del coche
toda llena de mis libros
girones de palabras de los que no puedo desprenderme porque su mundo me construye
y a los que dejar sería como un asesinato premeditado y terrible
donde mataría una parte de mí.
Eso siento mientras de mis labios se desprenden
las palabras que alcanzo a leer de Juan Marsé
de Neruda, de Susan Sontag y su erótica del arte.
Duele.
Duele de pronto tener que tener para marcharse y no poder desprenderse
dejando todo a que se pudra con el tiempo en un rincón húmedo y lleno de hongos
pero eso sería igual que dejar una parte de mí en esa casa
esa casa que ya no es mi casa
y de la que únicamente deseo la propiedad para dejar cosas y poder irme más ligera
que como estoy.

Tuesday, January 17, 2006

BURBUJAS

La realidad es algo que uno solo se inventa a partir de los supuestos que nos rodean. Suponemos quienes son nuestros padres porque se afanan en decírnoslo una y otra vez, igual que suponemos quienes son nuestros hermanos. Reduciendo, siempre, la realidad a semántica y lingüística resbalosa y jabonosa que mezcla términos para crear esferas semióticas que se revienten de pronto y a lo mejor sin querer.
Primero tenemos que saber la definición de hermano, padre o madre para después saber a quienes nos toca designar como tales. Luego, suponemos también la realidad a partir de nuestra percepción y los conceptos que tenemos de lo que nos rodea.
Y como una burbuja de jabón hermosa que de pronto tenemos ante nuestros ojos, que muta, cambia, se eleva, cae, se aleja y finalmente se revienta, se comporta la realidad.
Hoy tenemos una familia y unos amigos y un trabajo y unas cosas. Mañana será diferente el universo que no hemos elegido que nos rodee o al que concientemente nos adscribimos.
Y como una nueva realidad vertida de nuevas mezclas de jabón emergerá la nueva burbuja que nos contenga.

Friday, January 13, 2006

Raíces

En mi casa sembré dos árboles. Un ficus está a la orilla del camino que entra, el otro atrás de mi cactus para que diera sombra en un sitio en donde con gran trabajo desenraicé unos matorrales. Como me tardé para ello. Hasta tuvo que ayudarme Rosa porque estaban perfectamente unidos a la tierra. Y cómo me encontré gallinas ciegas que saqué y maté. Luego a mi árbol le puse tabaco en polvo, especial para que no hubiera ya animales que se comieran sus raíces. El otro, en cambio, siempre ha sido más sano y lo tengo más descuidado. Y la tierra en donde está sembrado es de más mala calidad. Enfrente de la ventana de la cocina está mi cactus. Un cactus que amo porque lo tengo desde que era lo suficientemente pequeño como para que estuviera en media lata de coca cola desechable.
No ha querido echar hijos. Se ha encaprichado desde que su último hijo se lo masticó una vaca en un ataque de voracidad.
No sé si viva mi ruda. Está sembrada de modo que solamente puedo verla desde la ventana del baño. Yo limpié ese jardín y he tratado de mantenerlo decente. sembré aquí y allá. Algunas plantas se me han secado. Y me he obstinado en mantener los árboles del monte que son altos para que parezca un bosquecillo. Rafa algunas veces hizo planes y ya veía la máquina sacándolos de raíz y emparejando el terreno. Ah como me horroricé por eso.
Y ahora esa casa que tanto he amado ya no es mía. Ni mis árboles, ni mi jardín. Sus cortinas se cerraron cuando empezaron los problemas legales. Y dejé de ver para afuera cada vez que abría los ojos con libertad. Luego tuvimos que irnos por la tensión y permaneció como el lejano tesoro al final del arcoiris, la patria a la que volveríamos. Y luego salió un nuevo cambio que nos llevó a nuevos horizontes.
Entonces se murió mi papá. Yo sé que mi papa no era el dueño legal de esas tierras. Yo sé que en realidad el nunca tuvo nada material por el afán de darnos a nosotros lo poco o mucho que ganaba de dinero, bien repartidito entre todos todos sus hijos. Pero le hice el gusto de que tuviera un velorio que contrariaba las ordenes supremas de la viuda portentosa. Y ahora mi casa ya no es más mi casa. Mi cactus probablemente se muera, igual y se sobrepone como mis ficus o mi ruda. Solamente volveré por unas cuantas cosas. Casi nada es mio, casi nada vendrá a acompañarme a esta nueva casa.
El pinto vendrá, pero ni mi cactus ni mis árboles podrán acompañarme. para estas fechas es seguro que mi cactus logró su cometido de extender sus raíces y salirse por el hoyito que tienen las macetas como drenaje para que las raíces no se pudran. Y como tiene allí dos años, esa raíz debe de estarse volviendo gorda e importante.
Iré sólo a despedirme, acomodarlos para su vida y decirles adiós. Me duele dejar todo nuevamente, sobre todo porque mucho de eso ya había echado hondas raíces. Tal como pensé que mis propios pies lo habían hecho. Ahora me doy cuenta que no volveré jamás y me duele en el alma reconocerlo.
Reconocer que dejo no sólo mis árboles, mi jardín, mis plantas. Sino también mis esperanzas y mis ilusiones y mi posible lugar para morir.

Monday, January 09, 2006

Mi muerto

Detrás del muro con una corona de flores desmayadas
doblando a la derecha
descubrías la caja plateada de metal.
A los lados, por todos los flancos
también había flores y coronas, unas más vivas que otras
aguardándolo, marchitándose como su cascarón.
Porque mi muerto
Mi guapo muerto
que ya se había muerto ayer para esa hora
se corrompía y se ajaba igual que las flores.
Quedó como dormido
-lo maquilló un artista-
sólo en los labios faltó algo de color.
Mi guapo muerto
Mi muerto guapo
Yo quise compartirte mientras te tuve conmigo.
Todo el día me pregunté que se hace cuando uno tiene un muerto
un muerto tan grande que no se puede echar a la espalda
en la mochila para llevarlo por allí.
Por eso lo compartía con todos los que conocí
y que vinieron a echarle una miradita y a mi unas palabras de consuelo.
Como si con palabras se llenara el hueco
su importante hueco.
Y nos quedamos solos. Mi muerto y mi marido y yo.
Y fue entonces cuando sentí que era más mi muerto porque yo estaba con él
en todo momento, más que nadie
Y de nuevo me pesaron el olor a flores y la soledad, nuestra soledad
y esa falta de velas sustituidas con bombillos
y esas horrendas pantallas como ensaladeras de cristal cortado
unas al derecho
otras al revez
que lo que querían era dar una iluminación pobre y efectista
para lograr clima de lo mortuorio
-supongo yo-
y mi muerto que quería encoger los labios y mandarme un beso
como hacía cuando me tenía lejecitos
sonriendo como quiera con una placidez
mientras a mi se me cargaba la tristeza de perderlo.
Y lloré todo lo que pude.
Lloré por su soledad, por las flores que se marchitaban
porque no había rezos ni llantos ni viejas que estuvieran cafeceandolo como se debía
porque dentro de su ataúd no incluyeron sus cosas necesarias
-su cobija, su cocacola, sus taquitos de pollo ni su periódico-
y lloré por mi misma
ahi sola. Porque lo dejaron sólo a él. Porque no estaba su viuda
su portentosa viuda que hizo alarde de muchas lágrimas todo el día
y que cuando se vio sola
sola con el muerto y sus hijos mas cercanos y veleidosos
se fue a dormir terminando la sesión de lágrimas y dejando al muerto solo
como quería dejarlo quizá para vengarse del abandono sufrido en algún tiempo.
Pero mi muerto era más fuerte, y por eso sonreía.
Porque sabía que lo amaba y que como lo amaba no permitiría que eso sucediera.
Y se dió. Entraron sus otros hijos, sus hermanos, sus sobrinos
poquitos dentre tantos que son
porque mi abuela tuvo muchos muchos y ellos a su vez tantos y tantos
("pa que aiga" dijo una tía riéndose y riéndose de tantos queran)
y volvieron eso un velorio de deveras
con anécdotas de lo que hacía y de lo bromista que era.
Mi muerto. Mi muerto entonces tuvo un velorio decente.
Y cuando amaneció un entierro
con un discurso pobre, pobrísimo
que dio un triste empleado de la funeraria -o el panteón que es lo mismo-
porque no quiso nadie de ninguna familia hablar
o porque a nadie lo consultaron verdaderamente.
Yo me pude despedir y es lo que importa.
Le dije que me esperara donde fue
porque vendrá por mí cuando sea más vieja (yo espero)
y desde entonces no le lloro.
Y sé que su sonrisa era de sorna, en realidad.