Thursday, November 05, 2009
Saturday, September 12, 2009
Transportadores urbanos
En los autobuses la gente transporta, además de su humanidad, un montón de cosas de diferentes factorías. Antes, sale con Pedro Infante o en las películas que hablan de países subdesarrollados, se transportaban hasta animales.
Ahora, que he vuelto a viajar en camión urbano, me he dado cuenta como han cambiado muchas cosas. Por ejemplo, el que vendía cacahuates, ahora es don misceláneo, porque vende cacahuates, chicles, chocolates, paletas, bombones, etc. Que hay ciertos camiones de más categoría donde no dejan subirse a los vendedores, y que los que cantan ya no sólo se echan una rola o dos, sino que cantan como mínimo 4 canciones (por lo menos los que me han tocado).
Y por el destino tal vez yo me uní a estos cambios. Antes iba y venía con mis planos y maquetas de la escuela, ahora, con mis cosas del trabajo. Y un día sucedió. Iba por la calle y me encontré con una señora que vendía patitos y pollitos, y me pareció buena idea comprar un patito para mi hijo. Y se vino conmigo en el camión. Otro día andando por los panteones pasé a saludar a papá, a mi abuela y a mi tía y a ver si estaban barriditas y limpias las tumbas. Les llevé unas cuantas flores y ya de salida, cuando pasé por otra florería mayorista, compré unas varas de nardo. Y también llegaron hasta mi casa después de pasar por dos trayectos en camión urbano.
En mi último trayecto transportativo de cosas raras, me topé con que estaban cortando los bambús de un cine que está cerca de donde trabajo, y me animé a pedirles uno a los trabajadores porque los iban a tirar de cualquier modo, y a mi niño le sirven para practicar taijutsu. Y allí me tienen por la calle Escobedo cargando con mi bambú de casi 3 metros de largo. Lo bueno es que este no tuve que subirlo al bus, porque ese día iban a venir a recogerme. Así que solamente asistí a una presentación de un libro con un extraño objeto totalmente fuera de contexto, que me hizo reír mucho. Y a Esmeralda también.
Me gusta a veces que me pasen estas cosas. Sobre todo porque estas salidas de la convencionalidad me recuerdan que sigo bien viva.
Pero los que tienen clima ya no dejan, casi, ni subirse a los que cantan.
Saturday, September 05, 2009
Del martes en la tarde
Una cosa terrible ronda los supermercados los días de frutas y verduras por las mañanas. Unas creaturas horrorosas que arrastrastran los pies y que caminan apoyandos en el carrito: son los viejitos caníbales de supermercado.
Yo fui su víctima en el HEB el martes pasado... Estas extrañas creaturas se levantan nada más los días de frutas y verduras bien temprano por la mañana, se ponen sus dientes postizos, se medio bañan y se ponen sus pants para salir de sus casas en caravanas macabras y atacar todas y cada una de las ofertas del supermercado, dejando los anaqueles vacíos, las cajas de verduras vacías, las carnes... (ah no esas no pueden comerlas con sus dientes postizos jeje), y todos y cada uno de los rincones del supermercado los recorren pavorosamente arrastrando los pies, haciéndo compras de pánico cuando... no saben a ciencia cierta si vivirán un mes mas.
Estas creaturas del averno son llamadas comunmente por los chiquitines como "abuelos", y reciben ayudas del gobierno desde muchos programas de apoyo, todos enfocados a alargar sus aparentes débiles vidas, porque la realidad es que son de naturaleza perenne y se reproducen con inusitada rapidez y desverguenza. Casi por generación espontánea...
Yo he sido una de sus víctimas y por eso esta quincena no voy a poder comer acelgas, crema, zanahorias decentes, y no sé que tanto más que arrebataron absurdamente antes de que yo llegara a hacer mi despensa.
Pero estas creaturas no están solas, hay una peligrosa entidad que las acompaña, y aprende todos y cada uno de sus movimientos para repetirlos por el resto de su vida: las amas de casa que se han deshecho de los niños mandándolos a la escuela, para poder ir arrastrando los pies, con la macabra mueca aprendida, consumiendo los restos que los abuelos caníbales de martes de frutas y verduras han dejado...
Friday, March 27, 2009
Despedida
Hoy me corrieron del empleo que tuve en publicaciones por casi dos años. Exactamente, fueron un año y 7 meses los que pasé allí. Hoy, cuando me dieron la noticia, tan sólo a 7 meses de que terminara la administración y oficialmente el empleo (porque la coordinación en la que trabajo desaparecerá), me puse histérica. Me empaniqué. No sabía que hacer y me puse a conversar por internet con diferentes personas, y a todos les dije la noticia como tema principal. Y todos coincidieron en una sola cosa: seguramente esto venía porque algo mejor me está esperando. Y si. Estoy segura de que así será. Pero cuando recién recibe uno las noticias, obvio que la primera reacción es empanicarse.
Primero, porque soy mujer y mi jefe, escondido homosexual y abierto misógino, no soporta que exista una mujer inteligente al rededor suyo que haga todavía más notoria su compleja estupidez producto de tantas y tantas noches de alcohol. ¿Por qué digo que es compleja? Muy simple: es tan pero tan acentuada, y adopta formas tan variadas, que ya no sabe uno como es que va apresentarse al momento siguiente. Por tanto, tiene una idiotez además de grande y pesada, impredecible. Que detalle. Nuca había conocido un idiota de esa naturaleza, y que estuviera por las calles pensando que es una persona funcional, cuando, en realidad, se trata de un idiota peor que los del hospicio; ¿Por qué? Porque este anda afuera saboteando a los demás y haciéndolos tropezar de formas antologables de lo diversas y raras.
Caray, fue tan complejo aprender su medio lenguaje que dejaba casi todas las frases en su mente y de las cuales decía tan sólo unas pocas palabras. Fue tan extraño adivinar de quien estaba hablando cuando decía: “¿Cómo se llama... este muchacho... si este muchacho... ¿cómo se llama?”. Caray, creo que también desarrollamos la habilidad de hablar con las bestias y leer la mente, porque acertabamos casi todas las veces. Y eso sin mencionar las otras mil cosas que se le olvidaban y había que tratar de recordar.
Y como tengo mal carácter y los pendejos (si, con esa palabra) siempre me han desesperado, pues de pronto le respondía con alguna frase áspera o con alguna verdad de esas que escaldan, decidió que sería yo la víctima número 15 de la guillotinia cortacabezasdecorrector. Quince correctores han corrido y no termina todavía la administración. Quince.
Y una asistenteprofesionalfotografaperiodista (que tras irse por su propio pie decidió vilipendiar el muy jefesinsesocortacabezadecorrector) y una diseñadora y formadora de libros. De los que yo se, claro. Ah, y sin mencionar a una hermosa asistentesecretariasalidadeltecquecursóletrascompletitoysabíamásqueél que se nos fue a Francia a estudiar su maestría o doctorado y vivir un rato la vida por allá.
Caray. Tantas gentes. ¿Cuántos libros deberíamos haber generado? Un montón, creo yo. Pero nada. Sólo unos cuantos volúmenes, y una enciclopedia que jamás saldrá a la luz, al paso que van.
Cuántas cabezas cortadas para nada. Pero me quedo con lo bueno que me dejó este empleo:
1.- Conocí a Tere, a Rodrigo, a Jessica, a Bertha y a las chicas de Servicio Social: Paolita, Diana y Brenda.
2.- Aprendí a habituarme a los cambios, porque aunque a mi me gustan los ambientes estables, la gente entraba y salía rápidamente de ese lugar.
3.- Aprendí cosas de corrección que dificilmente podría haber aprendido en otro lado. Es más, en otro lado jamás las podría haber sabido.
4.- Conocí el café de Lucy, y comí muchos desayunitos de allí.
5.- Supe lo que es estar regordeta, disfrutar un poco los kilos, y volverlos a perder.
6.- Aprendí a apreciar el Rancho, lo bonito que es y lo agusto que me siento en mi casa... y por tanto, sentir en lo más profundo de mi ser las pocas ganas que me daban, ya al último, de manejar casi dos horas hasta la oficina y lo absurdo que es esta rutina desgastante.
7.- Tuve oportunidad de conocer, y de conversar, con personas de muy diversas partes: Portugal, Alemania, la Patagonia, Veracruz... sin salir de la oficina.
8.- Conocí, y enriquecí mis páginas de mis redes ning, interactué en ellas y tuve la oportunidad de relacionarme con personas maravillosas.
9.- Aprendí un montón de cosas que están en internet y que yo ignoraba... después de pasar tanto pero tanto tiempo frente a la pantalla del ordenador.
10.- Supe lo valiosa que soy. Que pase lo que pase me tengo a mí y que yo soy más importante que lo que todos los demás piensen o digan.
11.- También aprendí a ser humilde.
12.- Y a tener paciencia... cuánta paciencia con ese idiota inenarrable como jefe!!!!!
14.- Y a esperar cada día cosas diferentes y graciosas... tan inverosímil resultaba siempre el trabajo autosaboteado por el mismísimo jefe de la oficina, que realmente no quedaba de otra más que reír... reír a carcajadas y esperar para la siguiente dósis... casi como droga. Y claaaaro, aprendí a tomarme la vida más a la ligera, menos tango y más milonga, como dice noe ¡Gracias Rodri!
15.- También aprendí a retener en la memoria los más mínimos detalles para poder hacer reír mucho mucho a mi familia, porque eran tantas las historias que ellos también tuvieron oportunidad de hacerlo.
16.- Y lo útil que resulta tratar con perros toda la vida... sobre todo para poder entenderle a una persona que no sabe expresar aproximadamente el 80% de su discurso.
Y podría seguir y seguir y seguir por días describiendo todo lo que aprendí de ese empleo. También, por ejemplo, supe que la mantequilla de cacahuate es más rica de lo que siempre pensé, que los chocolatines saben mejor si los compartes, que es bueno tener un banquito de galletas para cuando a alguien de la oficina le da hambre, de que tipo de cafeteras no comprar porque si no son resistentes el jefe se las echa y se descomponen, y de que definitivamente es mil veces mejor trabajar para ti mismo que andar por allí de empleo en empleo buscandose la vida y contando los centavos.
Mil veces mejor cantar mi japa tranquilamente, que ir peleando con los coches por todo el camino de ida y de vuelta. Ah, ¿que maravilloso universo me espera? Ahora entre las horas y los minutos de este día que termina, espero conocer cuál será el regalo que el universo tiene para mí ahora. El primero ya me lo dió, que es días anticipados de vacaciones, cuando no resistía muchos días más el cansancio acumulado.
Caray, creo que a esta hora, las 11:05 de la noche, y habiéndo reflexionado todo esto, puedo decir que soy feliz.
Primero, porque soy mujer y mi jefe, escondido homosexual y abierto misógino, no soporta que exista una mujer inteligente al rededor suyo que haga todavía más notoria su compleja estupidez producto de tantas y tantas noches de alcohol. ¿Por qué digo que es compleja? Muy simple: es tan pero tan acentuada, y adopta formas tan variadas, que ya no sabe uno como es que va apresentarse al momento siguiente. Por tanto, tiene una idiotez además de grande y pesada, impredecible. Que detalle. Nuca había conocido un idiota de esa naturaleza, y que estuviera por las calles pensando que es una persona funcional, cuando, en realidad, se trata de un idiota peor que los del hospicio; ¿Por qué? Porque este anda afuera saboteando a los demás y haciéndolos tropezar de formas antologables de lo diversas y raras.
Caray, fue tan complejo aprender su medio lenguaje que dejaba casi todas las frases en su mente y de las cuales decía tan sólo unas pocas palabras. Fue tan extraño adivinar de quien estaba hablando cuando decía: “¿Cómo se llama... este muchacho... si este muchacho... ¿cómo se llama?”. Caray, creo que también desarrollamos la habilidad de hablar con las bestias y leer la mente, porque acertabamos casi todas las veces. Y eso sin mencionar las otras mil cosas que se le olvidaban y había que tratar de recordar.
Y como tengo mal carácter y los pendejos (si, con esa palabra) siempre me han desesperado, pues de pronto le respondía con alguna frase áspera o con alguna verdad de esas que escaldan, decidió que sería yo la víctima número 15 de la guillotinia cortacabezasdecorrector. Quince correctores han corrido y no termina todavía la administración. Quince.
Y una asistenteprofesionalfotografaperiodista (que tras irse por su propio pie decidió vilipendiar el muy jefesinsesocortacabezadecorrector) y una diseñadora y formadora de libros. De los que yo se, claro. Ah, y sin mencionar a una hermosa asistentesecretariasalidadeltecquecursóletrascompletitoysabíamásqueél que se nos fue a Francia a estudiar su maestría o doctorado y vivir un rato la vida por allá.
Caray. Tantas gentes. ¿Cuántos libros deberíamos haber generado? Un montón, creo yo. Pero nada. Sólo unos cuantos volúmenes, y una enciclopedia que jamás saldrá a la luz, al paso que van.
Cuántas cabezas cortadas para nada. Pero me quedo con lo bueno que me dejó este empleo:
1.- Conocí a Tere, a Rodrigo, a Jessica, a Bertha y a las chicas de Servicio Social: Paolita, Diana y Brenda.
2.- Aprendí a habituarme a los cambios, porque aunque a mi me gustan los ambientes estables, la gente entraba y salía rápidamente de ese lugar.
3.- Aprendí cosas de corrección que dificilmente podría haber aprendido en otro lado. Es más, en otro lado jamás las podría haber sabido.
4.- Conocí el café de Lucy, y comí muchos desayunitos de allí.
5.- Supe lo que es estar regordeta, disfrutar un poco los kilos, y volverlos a perder.
6.- Aprendí a apreciar el Rancho, lo bonito que es y lo agusto que me siento en mi casa... y por tanto, sentir en lo más profundo de mi ser las pocas ganas que me daban, ya al último, de manejar casi dos horas hasta la oficina y lo absurdo que es esta rutina desgastante.
7.- Tuve oportunidad de conocer, y de conversar, con personas de muy diversas partes: Portugal, Alemania, la Patagonia, Veracruz... sin salir de la oficina.
8.- Conocí, y enriquecí mis páginas de mis redes ning, interactué en ellas y tuve la oportunidad de relacionarme con personas maravillosas.
9.- Aprendí un montón de cosas que están en internet y que yo ignoraba... después de pasar tanto pero tanto tiempo frente a la pantalla del ordenador.
10.- Supe lo valiosa que soy. Que pase lo que pase me tengo a mí y que yo soy más importante que lo que todos los demás piensen o digan.
11.- También aprendí a ser humilde.
12.- Y a tener paciencia... cuánta paciencia con ese idiota inenarrable como jefe!!!!!
14.- Y a esperar cada día cosas diferentes y graciosas... tan inverosímil resultaba siempre el trabajo autosaboteado por el mismísimo jefe de la oficina, que realmente no quedaba de otra más que reír... reír a carcajadas y esperar para la siguiente dósis... casi como droga. Y claaaaro, aprendí a tomarme la vida más a la ligera, menos tango y más milonga, como dice noe ¡Gracias Rodri!
15.- También aprendí a retener en la memoria los más mínimos detalles para poder hacer reír mucho mucho a mi familia, porque eran tantas las historias que ellos también tuvieron oportunidad de hacerlo.
16.- Y lo útil que resulta tratar con perros toda la vida... sobre todo para poder entenderle a una persona que no sabe expresar aproximadamente el 80% de su discurso.
Y podría seguir y seguir y seguir por días describiendo todo lo que aprendí de ese empleo. También, por ejemplo, supe que la mantequilla de cacahuate es más rica de lo que siempre pensé, que los chocolatines saben mejor si los compartes, que es bueno tener un banquito de galletas para cuando a alguien de la oficina le da hambre, de que tipo de cafeteras no comprar porque si no son resistentes el jefe se las echa y se descomponen, y de que definitivamente es mil veces mejor trabajar para ti mismo que andar por allí de empleo en empleo buscandose la vida y contando los centavos.
Mil veces mejor cantar mi japa tranquilamente, que ir peleando con los coches por todo el camino de ida y de vuelta. Ah, ¿que maravilloso universo me espera? Ahora entre las horas y los minutos de este día que termina, espero conocer cuál será el regalo que el universo tiene para mí ahora. El primero ya me lo dió, que es días anticipados de vacaciones, cuando no resistía muchos días más el cansancio acumulado.
Caray, creo que a esta hora, las 11:05 de la noche, y habiéndo reflexionado todo esto, puedo decir que soy feliz.
Tuesday, March 24, 2009
3 er Round
Mis pasos me han llevado al castillo de los demiurgos, los principales, los creadores de la vida. Ahora me pongo en sus manos para que realicen sus experimentos como ingenieros de la creación. Soy tierra fértil... Ellos sembrarán la semilla, porque así lo han dispuesto.
Tuesday, March 17, 2009
Segundo Round
Hoy me tocó hacerme los análisis que me habían programado desde el 6 de noviembre en el IMSS para ver que onda con lo del proyecto BB; supuestamente el diagnóstico ya lo tienen, y estos análisis solamente son como un pretexto para poder programarme la cirugía que dicen los doctores que sin duda necesito.
Ir al hospital de ginecología, de alta especialidad, desde casa, fue toda una experiencia. Salí de noche, porque tuve que levantarme de madrugadita para poder llegar antes de las 7 de la mañana. Mi cita era a las 7:15, pero ya se sabe, es el seguro, hay que levantarse requetetemprano si uno quiere hacer menos fila, porque a mi y a otras treinta personas como mínimo nos citan a la misma hora. Cuando salí del rancho, había mucha neblina, la visibilidad realmente era muy poquita, y me fui no muy aprisa por toda la carretera run run pensando que me hallaría a alguien... pero ningún carro. Claro, quién se va a levantar tan tempranito para salirse a enfriar, mojar, enneblinar o algo parecido, verdad?.
Bueno, me seguí sin hallar policías. Y seguí y seguí. Recorrí el mismo camino que más tarde me llevaría una hora en sólo 15 minutos (así es de tardado cuando aparecen los elementos de tránsito) y seguí y seguí topándome con madrugadores apresurados que podían ir a más de 60 en zonas de 30 km por hora.
Luego llegué y en un predio que es un montón de tierra fea y con lodo, cerca del hospital, me estacioné, no sin que unos oportunistas me cobraran 20 pesos por pararme el tiempo que yo quisiera en un terreno que no es concesionado (???).
Y entré al hospital después de ir chacan chacan con mis tacones, rápido por todas las aceras que me separaban del laboratorio de análisis clínicos del segundo piso. Y dejé mis papeles como corresponde en el mostrador-cajita correcto de acuerdo a la hora de la cita (ya dije, junto con más de 20 más) y me fui a sentar. Toda la sala estaba muda, salvo las tres mujeres que estaban casi al lado mío, que ya se contaban sus historias de sangrados y cuenta de semanas (una estaba más que evidentemente embarazada) y no sé que tanto más.
Una señora, como un sombi, muy gorda y sufriendo se paró enfrente de todos nosotros. Vio con detenimiento cada una de las bancas. Una vez, otra vez. Y luego se paró enfrente del segundo bloque de asientos escrutando igual, silenciosamente sufriente, sin atreverse a pedirle a nadie su lugar, quizá consciente de que todos los demás nos habíamos levantado más temprano y por eso estabamos sentados. Y nadie le hizo caso. Quizá porque todos estabamos medio dormidos. Yo me di cuenta y fui y le di mi asiento. Entonces, cuando se vino a sentar después de que yo quité mi mochila para que lo hiciera, me di cuenta de que toda su cara estaba llena de lágrimas. Muda, se sentó en el que fue mi lugar.
Luego me hablaron por el micrófono y me fui a formar a la fila para que extrajeran 4 tubos de sangre para las pruebas. Caray, creo que nunca me habían sacado tanta.
Yo meditaba mientras tanto en lo que dice Erasmo de Rotterdam en su Elogio a la locura, donde afirma que las mujeres somos estultas en lo que se refiere a la maternidad. Y caray, creo que tiene razón. Pero también pensé que las que además de querer tener un hijo tenemos que someternos a examenes y tratamientos para poder encargarlo tenemos que ser doble, o triplemente estúpidas, porque no sólo conocemos por anticipado el sufrimiento que conlleva el embarazo, el parto, los cuidados, etcétera, sino que además nos sometemos a todo eso como mártires que se dejan atar, torturar y quemar finalmente en la hoguera.
Caray. Entonces llegué a la fila en donde debía formarme para que me hicieran el otro estudio, la ecografía. Y me dijeron que hasta después de las 9 de la mañana podría pasar. Yo, como siempre, tome aliadas e hice motín contra el guardia para poder pasar, porque ya nos habían dicho a todas que teníamos que llegar temprano. Y subimos hasta el segundo piso, al emporio femenino en donde todas iban y venían con batas esperando su estudio, caminando y contando sus respectivas historias. Las de semanas, porque las de sangrados u otras cosas permanecíamos en silencio. Y nos pasaron a otra sala, muy helada, sin vista al exterior, pequeña y sola, alejada de todo ese caminar, ir y venir de historias de todas las dimensiones y cuentas, para que nos sentaramos a esperar. Luego llegó la señorita que vendría para hacernos el estudio, y nos pasó en tandem a ponernos nuestras respectivas batas y esperar en un consultorio a que un doctor nuevo nos hiciera lo que correspondía. Unas por sangrados, otras por revisiones, otras por otras cosas. Y todas, como en una conciencia colectiva, nos veíamos unas a otras como si nos conociéramos. Pienso que todas estaban tan nerviosas como yo.
Cuando todo terminó, cuando el médico me dijo que había salido muy bien del estudio, y me entregó mi resultado, huí chacan chacan con los tacones directo para el carro a toda velocidad para irme a la oficina, a mi zaquizami-refugio, para poder volver a la vida normal, pensando cuando es que dimitir no significa cobardía, queriéndo sacudirme de inmediato todas las sensaciones extrañas que me produce ese lugar, ese lugar profundamente femenino.
HuíAhora que parece que todo va encaminandose a una solución cada vez más cercana, más definitiva.
Ir al hospital de ginecología, de alta especialidad, desde casa, fue toda una experiencia. Salí de noche, porque tuve que levantarme de madrugadita para poder llegar antes de las 7 de la mañana. Mi cita era a las 7:15, pero ya se sabe, es el seguro, hay que levantarse requetetemprano si uno quiere hacer menos fila, porque a mi y a otras treinta personas como mínimo nos citan a la misma hora. Cuando salí del rancho, había mucha neblina, la visibilidad realmente era muy poquita, y me fui no muy aprisa por toda la carretera run run pensando que me hallaría a alguien... pero ningún carro. Claro, quién se va a levantar tan tempranito para salirse a enfriar, mojar, enneblinar o algo parecido, verdad?.
Bueno, me seguí sin hallar policías. Y seguí y seguí. Recorrí el mismo camino que más tarde me llevaría una hora en sólo 15 minutos (así es de tardado cuando aparecen los elementos de tránsito) y seguí y seguí topándome con madrugadores apresurados que podían ir a más de 60 en zonas de 30 km por hora.
Luego llegué y en un predio que es un montón de tierra fea y con lodo, cerca del hospital, me estacioné, no sin que unos oportunistas me cobraran 20 pesos por pararme el tiempo que yo quisiera en un terreno que no es concesionado (???).
Y entré al hospital después de ir chacan chacan con mis tacones, rápido por todas las aceras que me separaban del laboratorio de análisis clínicos del segundo piso. Y dejé mis papeles como corresponde en el mostrador-cajita correcto de acuerdo a la hora de la cita (ya dije, junto con más de 20 más) y me fui a sentar. Toda la sala estaba muda, salvo las tres mujeres que estaban casi al lado mío, que ya se contaban sus historias de sangrados y cuenta de semanas (una estaba más que evidentemente embarazada) y no sé que tanto más.
Una señora, como un sombi, muy gorda y sufriendo se paró enfrente de todos nosotros. Vio con detenimiento cada una de las bancas. Una vez, otra vez. Y luego se paró enfrente del segundo bloque de asientos escrutando igual, silenciosamente sufriente, sin atreverse a pedirle a nadie su lugar, quizá consciente de que todos los demás nos habíamos levantado más temprano y por eso estabamos sentados. Y nadie le hizo caso. Quizá porque todos estabamos medio dormidos. Yo me di cuenta y fui y le di mi asiento. Entonces, cuando se vino a sentar después de que yo quité mi mochila para que lo hiciera, me di cuenta de que toda su cara estaba llena de lágrimas. Muda, se sentó en el que fue mi lugar.
Luego me hablaron por el micrófono y me fui a formar a la fila para que extrajeran 4 tubos de sangre para las pruebas. Caray, creo que nunca me habían sacado tanta.
Yo meditaba mientras tanto en lo que dice Erasmo de Rotterdam en su Elogio a la locura, donde afirma que las mujeres somos estultas en lo que se refiere a la maternidad. Y caray, creo que tiene razón. Pero también pensé que las que además de querer tener un hijo tenemos que someternos a examenes y tratamientos para poder encargarlo tenemos que ser doble, o triplemente estúpidas, porque no sólo conocemos por anticipado el sufrimiento que conlleva el embarazo, el parto, los cuidados, etcétera, sino que además nos sometemos a todo eso como mártires que se dejan atar, torturar y quemar finalmente en la hoguera.
Caray. Entonces llegué a la fila en donde debía formarme para que me hicieran el otro estudio, la ecografía. Y me dijeron que hasta después de las 9 de la mañana podría pasar. Yo, como siempre, tome aliadas e hice motín contra el guardia para poder pasar, porque ya nos habían dicho a todas que teníamos que llegar temprano. Y subimos hasta el segundo piso, al emporio femenino en donde todas iban y venían con batas esperando su estudio, caminando y contando sus respectivas historias. Las de semanas, porque las de sangrados u otras cosas permanecíamos en silencio. Y nos pasaron a otra sala, muy helada, sin vista al exterior, pequeña y sola, alejada de todo ese caminar, ir y venir de historias de todas las dimensiones y cuentas, para que nos sentaramos a esperar. Luego llegó la señorita que vendría para hacernos el estudio, y nos pasó en tandem a ponernos nuestras respectivas batas y esperar en un consultorio a que un doctor nuevo nos hiciera lo que correspondía. Unas por sangrados, otras por revisiones, otras por otras cosas. Y todas, como en una conciencia colectiva, nos veíamos unas a otras como si nos conociéramos. Pienso que todas estaban tan nerviosas como yo.
Cuando todo terminó, cuando el médico me dijo que había salido muy bien del estudio, y me entregó mi resultado, huí chacan chacan con los tacones directo para el carro a toda velocidad para irme a la oficina, a mi zaquizami-refugio, para poder volver a la vida normal, pensando cuando es que dimitir no significa cobardía, queriéndo sacudirme de inmediato todas las sensaciones extrañas que me produce ese lugar, ese lugar profundamente femenino.
HuíAhora que parece que todo va encaminandose a una solución cada vez más cercana, más definitiva.
Monday, March 09, 2009
El

Leviatán, se retorcía y se disfrazaba
oscuramente feliz
mientras yo, a su lado, dormitaba con angustia.
A veces lo confundí con un espíritu Naga,
bello, seductor, profundamente pervertido
y ni siquiera entonces
vi alguna de sus caras
siempre ocultas debajo de alguna de sus siete máscaras:
era tan semejante a una hidra...
ni siquiera eso acabé de entender
o percibir:
su verdadera naturaleza, monstruosa,
la esencia misma que me daría idea
de las posibilidades del daño posterior.
Hoy, un san Jorge disfrazado de poeta cubano
me trae noticias de que van a terminar por cortarle
todas y cada una de sus cabezas,
con máscaras y sin ellas...
Desde que recibí la noticia una angustia intermitente
se apodera de mi pecho cuando estoy descuidada
y me oprime
y me duele.
El otro día empezó el niño, incluso,
a llorar sin motivo
a enfermar y a tener fiebre
como cuando Leviatán dormía a pocos centímetros de su cabeza
solazándose satisfecho, lleno de maldad.
Él también presiente la caída de Cronos.
Huele su miedo
pero, niño, llora
cuando siente el miedo y el dolor de Leviatán
antes -más grande inicluso- que su propio odio...
Cronos que devoró a sus hijos, uno a uno, pedazo a pedazo
como este Leviatán.
Y a pesar de la angustia, del dolor,
del peso moral de una noticia semejante,
secretamente
me sonrío
imaginando al poeta triunfar.
Friday, February 13, 2009
HOY CELEBRO!!!
CELEBRO VIVIR Y ESTAR EN ESTE PLANETA
CELEBRO ESTA ENCARNACIÓN, A LA QUE POR FIN LE HE HALLADO SENTIDO
CELEBRO A MI HIJO, CELEBRO SU PRESENCIA EN MI VIDA
CELEBRO A MI ESPOSO, CON AMOR LO ABRAZO POR EL RESTO DE MI EXISTENCIA
CELEBRO, CELEBRO, CELEBRO
PORQUE ESTOY FELIZ DE VIVIR
Y DE DARME CUENTA DE QUE PUEDO CELEBRARLO
Y DE QUE PUEDO COMPARTIRLO
CELEBRO ESTA ENCARNACIÓN, A LA QUE POR FIN LE HE HALLADO SENTIDO
CELEBRO A MI HIJO, CELEBRO SU PRESENCIA EN MI VIDA
CELEBRO A MI ESPOSO, CON AMOR LO ABRAZO POR EL RESTO DE MI EXISTENCIA
CELEBRO, CELEBRO, CELEBRO
PORQUE ESTOY FELIZ DE VIVIR
Y DE DARME CUENTA DE QUE PUEDO CELEBRARLO
Y DE QUE PUEDO COMPARTIRLO
Thursday, February 12, 2009
Los caminos
Cada cierto tiempo me gusta variar un poco la ruta del camino por el que me vengo al trabajo. Cuando hago eso, siento como que estoy en un campo desconocido, un territorio extremo donde el flujo vehicular es nuevo, diferente. Donde es necesario fluir y navegar entre el tráfico de muy diferente manera. Veo todas las posibilidades, la vía se convierte en eso, un abanico de posibilidades abiertas a todo.
Pero, cuando llego a la oficina, me percato de cosas que aunque puedan ser percibidas de forma diferente, sustancialmente nunca varían:
a) El profundo e inedito, desmesurado e inconmovible grado de pendejez de ciertas personas no cambia. Al contrario, se maximiza, se vuelve más evidente, y después, aumenta.
b) Cuando estoy de malas estoy de malas.
c) Y una de las cosas que me ponen de malas es no llegar a mi oficina vacía ni haber dormido bien.
Caray, no se, estoy de malas.
Gotitas de rocio!!!!!
Pero, cuando llego a la oficina, me percato de cosas que aunque puedan ser percibidas de forma diferente, sustancialmente nunca varían:
a) El profundo e inedito, desmesurado e inconmovible grado de pendejez de ciertas personas no cambia. Al contrario, se maximiza, se vuelve más evidente, y después, aumenta.
b) Cuando estoy de malas estoy de malas.
c) Y una de las cosas que me ponen de malas es no llegar a mi oficina vacía ni haber dormido bien.
Caray, no se, estoy de malas.
Gotitas de rocio!!!!!
Monday, January 26, 2009
Tuesday, January 20, 2009
Inicio de año
En este inicio de año me he dado cuenta de varias cosas:
a) mi jefe nunca cambiará
b) la paciencia es lo más dificil de aprender (yo todavía no acabo de asimilarla)
c) hay que hacer lo que a uno le gusta, al fin y al cabo en cualquier chico rato nos morimos
d) lo único que vale la pena en el mundo son los perros: siempre te aman y no les importa si dejas las cosas desordenadas, ellos como quiera te aman
e) me gustan las caras de las gentes prósperas que ponen negocios en sus casas y luego les va bien.
f) el ho oponopono sirve definitivamente
g) la diferencia entre un hermano y un amigo:
Hermano: chantajista con el que te unen lazos de sangre indisolubles a los que no puedes escapar, que es capaz de lastimarte como ni siquiera tus enemigos podrían hacerlo.
Amigo: persona capaz de escucharte y estar contigo sin obligación, estar contigo y apoyarte de forma voluntaria. Te une un vínculo que siempre podrás romper si así se dan las cosas.
h) lo bonito que es la lumbre de la chimenea, aunque yo ya no tengo una propia.
Toda la gente hace cada inicio de año mil propósitos. Yo este año no me hice ninguno. Para qué, si al final de cuentas todo ocurrirá de acuerdo a mi darma y a mi forma de fluir. Tengo objetivos, pero no propósitos.
Y el no tenerlos es una ausencia de carga emocional preciosa.
a) mi jefe nunca cambiará
b) la paciencia es lo más dificil de aprender (yo todavía no acabo de asimilarla)
c) hay que hacer lo que a uno le gusta, al fin y al cabo en cualquier chico rato nos morimos
d) lo único que vale la pena en el mundo son los perros: siempre te aman y no les importa si dejas las cosas desordenadas, ellos como quiera te aman
e) me gustan las caras de las gentes prósperas que ponen negocios en sus casas y luego les va bien.
f) el ho oponopono sirve definitivamente
g) la diferencia entre un hermano y un amigo:
Hermano: chantajista con el que te unen lazos de sangre indisolubles a los que no puedes escapar, que es capaz de lastimarte como ni siquiera tus enemigos podrían hacerlo.
Amigo: persona capaz de escucharte y estar contigo sin obligación, estar contigo y apoyarte de forma voluntaria. Te une un vínculo que siempre podrás romper si así se dan las cosas.
h) lo bonito que es la lumbre de la chimenea, aunque yo ya no tengo una propia.
Toda la gente hace cada inicio de año mil propósitos. Yo este año no me hice ninguno. Para qué, si al final de cuentas todo ocurrirá de acuerdo a mi darma y a mi forma de fluir. Tengo objetivos, pero no propósitos.
Y el no tenerlos es una ausencia de carga emocional preciosa.
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