
Leviatán, se retorcía y se disfrazaba
oscuramente feliz
mientras yo, a su lado, dormitaba con angustia.
A veces lo confundí con un espíritu Naga,
bello, seductor, profundamente pervertido
y ni siquiera entonces
vi alguna de sus caras
siempre ocultas debajo de alguna de sus siete máscaras:
era tan semejante a una hidra...
ni siquiera eso acabé de entender
o percibir:
su verdadera naturaleza, monstruosa,
la esencia misma que me daría idea
de las posibilidades del daño posterior.
Hoy, un san Jorge disfrazado de poeta cubano
me trae noticias de que van a terminar por cortarle
todas y cada una de sus cabezas,
con máscaras y sin ellas...
Desde que recibí la noticia una angustia intermitente
se apodera de mi pecho cuando estoy descuidada
y me oprime
y me duele.
El otro día empezó el niño, incluso,
a llorar sin motivo
a enfermar y a tener fiebre
como cuando Leviatán dormía a pocos centímetros de su cabeza
solazándose satisfecho, lleno de maldad.
Él también presiente la caída de Cronos.
Huele su miedo
pero, niño, llora
cuando siente el miedo y el dolor de Leviatán
antes -más grande inicluso- que su propio odio...
Cronos que devoró a sus hijos, uno a uno, pedazo a pedazo
como este Leviatán.
Y a pesar de la angustia, del dolor,
del peso moral de una noticia semejante,
secretamente
me sonrío
imaginando al poeta triunfar.

1 comment:
Oh!!!!! me gustó mucho tu poema!!! está muy padre!!!
Post a Comment