Hoy me corrieron del empleo que tuve en publicaciones por casi dos años. Exactamente, fueron un año y 7 meses los que pasé allí. Hoy, cuando me dieron la noticia, tan sólo a 7 meses de que terminara la administración y oficialmente el empleo (porque la coordinación en la que trabajo desaparecerá), me puse histérica. Me empaniqué. No sabía que hacer y me puse a conversar por internet con diferentes personas, y a todos les dije la noticia como tema principal. Y todos coincidieron en una sola cosa: seguramente esto venía porque algo mejor me está esperando. Y si. Estoy segura de que así será. Pero cuando recién recibe uno las noticias, obvio que la primera reacción es empanicarse.
Primero, porque soy mujer y mi jefe, escondido homosexual y abierto misógino, no soporta que exista una mujer inteligente al rededor suyo que haga todavía más notoria su compleja estupidez producto de tantas y tantas noches de alcohol. ¿Por qué digo que es compleja? Muy simple: es tan pero tan acentuada, y adopta formas tan variadas, que ya no sabe uno como es que va apresentarse al momento siguiente. Por tanto, tiene una idiotez además de grande y pesada, impredecible. Que detalle. Nuca había conocido un idiota de esa naturaleza, y que estuviera por las calles pensando que es una persona funcional, cuando, en realidad, se trata de un idiota peor que los del hospicio; ¿Por qué? Porque este anda afuera saboteando a los demás y haciéndolos tropezar de formas antologables de lo diversas y raras.
Caray, fue tan complejo aprender su medio lenguaje que dejaba casi todas las frases en su mente y de las cuales decía tan sólo unas pocas palabras. Fue tan extraño adivinar de quien estaba hablando cuando decía: “¿Cómo se llama... este muchacho... si este muchacho... ¿cómo se llama?”. Caray, creo que también desarrollamos la habilidad de hablar con las bestias y leer la mente, porque acertabamos casi todas las veces. Y eso sin mencionar las otras mil cosas que se le olvidaban y había que tratar de recordar.
Y como tengo mal carácter y los pendejos (si, con esa palabra) siempre me han desesperado, pues de pronto le respondía con alguna frase áspera o con alguna verdad de esas que escaldan, decidió que sería yo la víctima número 15 de la guillotinia cortacabezasdecorrector. Quince correctores han corrido y no termina todavía la administración. Quince.
Y una asistenteprofesionalfotografaperiodista (que tras irse por su propio pie decidió vilipendiar el muy jefesinsesocortacabezadecorrector) y una diseñadora y formadora de libros. De los que yo se, claro. Ah, y sin mencionar a una hermosa asistentesecretariasalidadeltecquecursóletrascompletitoysabíamásqueél que se nos fue a Francia a estudiar su maestría o doctorado y vivir un rato la vida por allá.
Caray. Tantas gentes. ¿Cuántos libros deberíamos haber generado? Un montón, creo yo. Pero nada. Sólo unos cuantos volúmenes, y una enciclopedia que jamás saldrá a la luz, al paso que van.
Cuántas cabezas cortadas para nada. Pero me quedo con lo bueno que me dejó este empleo:
1.- Conocí a Tere, a Rodrigo, a Jessica, a Bertha y a las chicas de Servicio Social: Paolita, Diana y Brenda.
2.- Aprendí a habituarme a los cambios, porque aunque a mi me gustan los ambientes estables, la gente entraba y salía rápidamente de ese lugar.
3.- Aprendí cosas de corrección que dificilmente podría haber aprendido en otro lado. Es más, en otro lado jamás las podría haber sabido.
4.- Conocí el café de Lucy, y comí muchos desayunitos de allí.
5.- Supe lo que es estar regordeta, disfrutar un poco los kilos, y volverlos a perder.
6.- Aprendí a apreciar el Rancho, lo bonito que es y lo agusto que me siento en mi casa... y por tanto, sentir en lo más profundo de mi ser las pocas ganas que me daban, ya al último, de manejar casi dos horas hasta la oficina y lo absurdo que es esta rutina desgastante.
7.- Tuve oportunidad de conocer, y de conversar, con personas de muy diversas partes: Portugal, Alemania, la Patagonia, Veracruz... sin salir de la oficina.
8.- Conocí, y enriquecí mis páginas de mis redes ning, interactué en ellas y tuve la oportunidad de relacionarme con personas maravillosas.
9.- Aprendí un montón de cosas que están en internet y que yo ignoraba... después de pasar tanto pero tanto tiempo frente a la pantalla del ordenador.
10.- Supe lo valiosa que soy. Que pase lo que pase me tengo a mí y que yo soy más importante que lo que todos los demás piensen o digan.
11.- También aprendí a ser humilde.
12.- Y a tener paciencia... cuánta paciencia con ese idiota inenarrable como jefe!!!!!
14.- Y a esperar cada día cosas diferentes y graciosas... tan inverosímil resultaba siempre el trabajo autosaboteado por el mismísimo jefe de la oficina, que realmente no quedaba de otra más que reír... reír a carcajadas y esperar para la siguiente dósis... casi como droga. Y claaaaro, aprendí a tomarme la vida más a la ligera, menos tango y más milonga, como dice noe ¡Gracias Rodri!
15.- También aprendí a retener en la memoria los más mínimos detalles para poder hacer reír mucho mucho a mi familia, porque eran tantas las historias que ellos también tuvieron oportunidad de hacerlo.
16.- Y lo útil que resulta tratar con perros toda la vida... sobre todo para poder entenderle a una persona que no sabe expresar aproximadamente el 80% de su discurso.
Y podría seguir y seguir y seguir por días describiendo todo lo que aprendí de ese empleo. También, por ejemplo, supe que la mantequilla de cacahuate es más rica de lo que siempre pensé, que los chocolatines saben mejor si los compartes, que es bueno tener un banquito de galletas para cuando a alguien de la oficina le da hambre, de que tipo de cafeteras no comprar porque si no son resistentes el jefe se las echa y se descomponen, y de que definitivamente es mil veces mejor trabajar para ti mismo que andar por allí de empleo en empleo buscandose la vida y contando los centavos.
Mil veces mejor cantar mi japa tranquilamente, que ir peleando con los coches por todo el camino de ida y de vuelta. Ah, ¿que maravilloso universo me espera? Ahora entre las horas y los minutos de este día que termina, espero conocer cuál será el regalo que el universo tiene para mí ahora. El primero ya me lo dió, que es días anticipados de vacaciones, cuando no resistía muchos días más el cansancio acumulado.
Caray, creo que a esta hora, las 11:05 de la noche, y habiéndo reflexionado todo esto, puedo decir que soy feliz.
Primero, porque soy mujer y mi jefe, escondido homosexual y abierto misógino, no soporta que exista una mujer inteligente al rededor suyo que haga todavía más notoria su compleja estupidez producto de tantas y tantas noches de alcohol. ¿Por qué digo que es compleja? Muy simple: es tan pero tan acentuada, y adopta formas tan variadas, que ya no sabe uno como es que va apresentarse al momento siguiente. Por tanto, tiene una idiotez además de grande y pesada, impredecible. Que detalle. Nuca había conocido un idiota de esa naturaleza, y que estuviera por las calles pensando que es una persona funcional, cuando, en realidad, se trata de un idiota peor que los del hospicio; ¿Por qué? Porque este anda afuera saboteando a los demás y haciéndolos tropezar de formas antologables de lo diversas y raras.
Caray, fue tan complejo aprender su medio lenguaje que dejaba casi todas las frases en su mente y de las cuales decía tan sólo unas pocas palabras. Fue tan extraño adivinar de quien estaba hablando cuando decía: “¿Cómo se llama... este muchacho... si este muchacho... ¿cómo se llama?”. Caray, creo que también desarrollamos la habilidad de hablar con las bestias y leer la mente, porque acertabamos casi todas las veces. Y eso sin mencionar las otras mil cosas que se le olvidaban y había que tratar de recordar.
Y como tengo mal carácter y los pendejos (si, con esa palabra) siempre me han desesperado, pues de pronto le respondía con alguna frase áspera o con alguna verdad de esas que escaldan, decidió que sería yo la víctima número 15 de la guillotinia cortacabezasdecorrector. Quince correctores han corrido y no termina todavía la administración. Quince.
Y una asistenteprofesionalfotografaperiodista (que tras irse por su propio pie decidió vilipendiar el muy jefesinsesocortacabezadecorrector) y una diseñadora y formadora de libros. De los que yo se, claro. Ah, y sin mencionar a una hermosa asistentesecretariasalidadeltecquecursóletrascompletitoysabíamásqueél que se nos fue a Francia a estudiar su maestría o doctorado y vivir un rato la vida por allá.
Caray. Tantas gentes. ¿Cuántos libros deberíamos haber generado? Un montón, creo yo. Pero nada. Sólo unos cuantos volúmenes, y una enciclopedia que jamás saldrá a la luz, al paso que van.
Cuántas cabezas cortadas para nada. Pero me quedo con lo bueno que me dejó este empleo:
1.- Conocí a Tere, a Rodrigo, a Jessica, a Bertha y a las chicas de Servicio Social: Paolita, Diana y Brenda.
2.- Aprendí a habituarme a los cambios, porque aunque a mi me gustan los ambientes estables, la gente entraba y salía rápidamente de ese lugar.
3.- Aprendí cosas de corrección que dificilmente podría haber aprendido en otro lado. Es más, en otro lado jamás las podría haber sabido.
4.- Conocí el café de Lucy, y comí muchos desayunitos de allí.
5.- Supe lo que es estar regordeta, disfrutar un poco los kilos, y volverlos a perder.
6.- Aprendí a apreciar el Rancho, lo bonito que es y lo agusto que me siento en mi casa... y por tanto, sentir en lo más profundo de mi ser las pocas ganas que me daban, ya al último, de manejar casi dos horas hasta la oficina y lo absurdo que es esta rutina desgastante.
7.- Tuve oportunidad de conocer, y de conversar, con personas de muy diversas partes: Portugal, Alemania, la Patagonia, Veracruz... sin salir de la oficina.
8.- Conocí, y enriquecí mis páginas de mis redes ning, interactué en ellas y tuve la oportunidad de relacionarme con personas maravillosas.
9.- Aprendí un montón de cosas que están en internet y que yo ignoraba... después de pasar tanto pero tanto tiempo frente a la pantalla del ordenador.
10.- Supe lo valiosa que soy. Que pase lo que pase me tengo a mí y que yo soy más importante que lo que todos los demás piensen o digan.
11.- También aprendí a ser humilde.
12.- Y a tener paciencia... cuánta paciencia con ese idiota inenarrable como jefe!!!!!
14.- Y a esperar cada día cosas diferentes y graciosas... tan inverosímil resultaba siempre el trabajo autosaboteado por el mismísimo jefe de la oficina, que realmente no quedaba de otra más que reír... reír a carcajadas y esperar para la siguiente dósis... casi como droga. Y claaaaro, aprendí a tomarme la vida más a la ligera, menos tango y más milonga, como dice noe ¡Gracias Rodri!
15.- También aprendí a retener en la memoria los más mínimos detalles para poder hacer reír mucho mucho a mi familia, porque eran tantas las historias que ellos también tuvieron oportunidad de hacerlo.
16.- Y lo útil que resulta tratar con perros toda la vida... sobre todo para poder entenderle a una persona que no sabe expresar aproximadamente el 80% de su discurso.
Y podría seguir y seguir y seguir por días describiendo todo lo que aprendí de ese empleo. También, por ejemplo, supe que la mantequilla de cacahuate es más rica de lo que siempre pensé, que los chocolatines saben mejor si los compartes, que es bueno tener un banquito de galletas para cuando a alguien de la oficina le da hambre, de que tipo de cafeteras no comprar porque si no son resistentes el jefe se las echa y se descomponen, y de que definitivamente es mil veces mejor trabajar para ti mismo que andar por allí de empleo en empleo buscandose la vida y contando los centavos.
Mil veces mejor cantar mi japa tranquilamente, que ir peleando con los coches por todo el camino de ida y de vuelta. Ah, ¿que maravilloso universo me espera? Ahora entre las horas y los minutos de este día que termina, espero conocer cuál será el regalo que el universo tiene para mí ahora. El primero ya me lo dió, que es días anticipados de vacaciones, cuando no resistía muchos días más el cansancio acumulado.
Caray, creo que a esta hora, las 11:05 de la noche, y habiéndo reflexionado todo esto, puedo decir que soy feliz.

