Tuesday, February 06, 2007

Uñas Uñas Uñas

De noviembre a enero tuve la bendita ocupación de dejar crecer mis uñas hasta volverme absolutament inútil. Luego se vino un frío del carajo, y bueno era de esperarse en pleno enero, y aparte de inútil me hallé aterida. No podía ni mecanografiar.
Entre sweteres y chamarras y broches y empalmes de todo tipo para el niño y para mí se me rompió la uña del dedo pulgar. Entonces me efadé y me las corté. Pero no les lloré porque ya había disfrutado el hecho de ser uñicamente inútil por tres largos y ominosos meses en los que me dediqué a limarme y acicalarme y echarme lanolina para proteger mis blancas y nacaradas y finas uñitas.
Pero sin privilegios de vida de señora acomodada. Tuve que lavar mientras tanto incluso trastes. Esto me daba pretexto para más crema y lanolina y lima y cuidados uñiles.
Ahora todo eso ha terminado y vuelvo a practicar deporte. Hasta maromas estoy aprendiendo a dar con salto y brinco y lujo de disfrutarlas.
Bendita rutina. También me aprendí la del Tai Chi. Ya estoy en la sincronía de la respiración para volverlo absolutamente lento como si estuviera en repetición.
Ah. Parece que ahora tengo otras ocupaciones. Ahora si podré amasar galletas ya que no seré uñicamente inútil por lo menos este año. O mientras me vuelve a dar la tendencia uñica intensa.

Hay sol

Hay sol y es motivo suficiente. A lo mejor hoy no. A lo mejor la suerte cambia. Por lo pronto hay sol y es motivo suficiente para sentirse emocionado.
¿Se necesita más? sueños dudosos me asaltaron todo el fin de semana. Una convivencia pacífica vino a aliviarlo. Lluvia menuda y molesta que no dejaba conducir el auto en paz. Una película también vino a aliviarlo. Otra de ellas a complicarlo espantándome al pequeño. Le dije que era ficción pero él sabe muy bien que ese tipo de ficción no es tan ficticio como yo quería que él pensara. Porque él conoce locos malvados que hacen sufrir a la gente porque sí, por venganza, por deporte.
A su tan corta edad. Olvidémoslo, supongo. Supongo que eso debí haber dicho. Pero lo bueno es que no lo dije pero me dormí con él a pesar de sus patadas y sus pesadillas. Ahora sí me cree que podré defenderlo. Ahora que aprendo Taijutsu y que entreno para poder dar golpes contundentes.
Ojalá siempre hubiera creído en mi fuerza interior, en vez de verme como princesa. Todos los días me vienen esos pensamientos sucios y con asco cuando me acuerdo, y trato de desecharlos, pasarles de largo e irme por el sol, por los rayos de sol trepando hasta llegar tan alto que piense yo que la felicidad está allí conmigo y es insustituible y mía. Y suya, de mi niño también. Que amargo. Ya quiero que termine.