Saturday, September 12, 2009

Transportadores urbanos

En los autobuses la gente transporta, además de su humanidad, un montón de cosas de diferentes factorías. Antes, sale con Pedro Infante o en las películas que hablan de países subdesarrollados, se transportaban hasta animales.
Ahora, que he vuelto a viajar en camión urbano, me he dado cuenta como han cambiado muchas cosas. Por ejemplo, el que vendía cacahuates, ahora es don misceláneo, porque vende cacahuates, chicles, chocolates, paletas, bombones, etc. Que hay ciertos camiones de más categoría donde no dejan subirse a los vendedores, y que los que cantan ya no sólo se echan una rola o dos, sino que cantan como mínimo 4 canciones (por lo menos los que me han tocado).
Y por el destino tal vez yo me uní a estos cambios. Antes iba y venía con mis planos y maquetas de la escuela, ahora, con mis cosas del trabajo. Y un día sucedió. Iba por la calle y me encontré con una señora que vendía patitos y pollitos, y me pareció buena idea comprar un patito para mi hijo. Y se vino conmigo en el camión. Otro día andando por los panteones pasé a saludar a papá, a mi abuela y a mi tía y a ver si estaban barriditas y limpias las tumbas. Les llevé unas cuantas flores y ya de salida, cuando pasé por otra florería mayorista, compré unas varas de nardo. Y también llegaron hasta mi casa después de pasar por dos trayectos en camión urbano.
En mi último trayecto transportativo de cosas raras, me topé con que estaban cortando los bambús de un cine que está cerca de donde trabajo, y me animé a pedirles uno a los trabajadores porque los iban a tirar de cualquier modo, y a mi niño le sirven para practicar taijutsu. Y allí me tienen por la calle Escobedo cargando con mi bambú de casi 3 metros de largo. Lo bueno es que este no tuve que subirlo al bus, porque ese día iban a venir a recogerme. Así que solamente asistí a una presentación de un libro con un extraño objeto totalmente fuera de contexto, que me hizo reír mucho. Y a Esmeralda también.
Me gusta a veces que me pasen estas cosas. Sobre todo porque estas salidas de la convencionalidad me recuerdan que sigo bien viva.
Pero los que tienen clima ya no dejan, casi, ni subirse a los que cantan.

Saturday, September 05, 2009

Del martes en la tarde

Una cosa terrible ronda los supermercados los días de frutas y verduras por las mañanas. Unas creaturas horrorosas que arrastrastran los pies y que caminan apoyandos en el carrito: son los viejitos caníbales de supermercado.
Yo fui su víctima en el HEB el martes pasado... Estas extrañas creaturas se levantan nada más los días de frutas y verduras bien temprano por la mañana, se ponen sus dientes postizos, se medio bañan y se ponen sus pants para salir de sus casas en caravanas macabras y atacar todas y cada una de las ofertas del supermercado, dejando los anaqueles vacíos, las cajas de verduras vacías, las carnes... (ah no esas no pueden comerlas con sus dientes postizos jeje), y todos y cada uno de los rincones del supermercado los recorren pavorosamente arrastrando los pies, haciéndo compras de pánico cuando... no saben a ciencia cierta si vivirán un mes mas.
Estas creaturas del averno son llamadas comunmente por los chiquitines como "abuelos", y reciben ayudas del gobierno desde muchos programas de apoyo, todos enfocados a alargar sus aparentes débiles vidas, porque la realidad es que son de naturaleza perenne y se reproducen con inusitada rapidez y desverguenza. Casi por generación espontánea...
Yo he sido una de sus víctimas y por eso esta quincena no voy a poder comer acelgas, crema, zanahorias decentes, y no sé que tanto más que arrebataron absurdamente antes de que yo llegara a hacer mi despensa.
Pero estas creaturas no están solas, hay una peligrosa entidad que las acompaña, y aprende todos y cada uno de sus movimientos para repetirlos por el resto de su vida: las amas de casa que se han deshecho de los niños mandándolos a la escuela, para poder ir arrastrando los pies, con la macabra mueca aprendida, consumiendo los restos que los abuelos caníbales de martes de frutas y verduras han dejado...