En los autobuses la gente transporta, además de su humanidad, un montón de cosas de diferentes factorías. Antes, sale con Pedro Infante o en las películas que hablan de países subdesarrollados, se transportaban hasta animales.
Ahora, que he vuelto a viajar en camión urbano, me he dado cuenta como han cambiado muchas cosas. Por ejemplo, el que vendía cacahuates, ahora es don misceláneo, porque vende cacahuates, chicles, chocolates, paletas, bombones, etc. Que hay ciertos camiones de más categoría donde no dejan subirse a los vendedores, y que los que cantan ya no sólo se echan una rola o dos, sino que cantan como mínimo 4 canciones (por lo menos los que me han tocado).
Y por el destino tal vez yo me uní a estos cambios. Antes iba y venía con mis planos y maquetas de la escuela, ahora, con mis cosas del trabajo. Y un día sucedió. Iba por la calle y me encontré con una señora que vendía patitos y pollitos, y me pareció buena idea comprar un patito para mi hijo. Y se vino conmigo en el camión. Otro día andando por los panteones pasé a saludar a papá, a mi abuela y a mi tía y a ver si estaban barriditas y limpias las tumbas. Les llevé unas cuantas flores y ya de salida, cuando pasé por otra florería mayorista, compré unas varas de nardo. Y también llegaron hasta mi casa después de pasar por dos trayectos en camión urbano.
En mi último trayecto transportativo de cosas raras, me topé con que estaban cortando los bambús de un cine que está cerca de donde trabajo, y me animé a pedirles uno a los trabajadores porque los iban a tirar de cualquier modo, y a mi niño le sirven para practicar taijutsu. Y allí me tienen por la calle Escobedo cargando con mi bambú de casi 3 metros de largo. Lo bueno es que este no tuve que subirlo al bus, porque ese día iban a venir a recogerme. Así que solamente asistí a una presentación de un libro con un extraño objeto totalmente fuera de contexto, que me hizo reír mucho. Y a Esmeralda también.
Me gusta a veces que me pasen estas cosas. Sobre todo porque estas salidas de la convencionalidad me recuerdan que sigo bien viva.
Pero los que tienen clima ya no dejan, casi, ni subirse a los que cantan.
