Gracias, Rosy, por haber estado en mi vida.
Gracias por existir, y por haber compartido tu tiempo conmigo.
Gracias por enseñarme tantas cosas, entre ellas, a cambiar la perspectiva, a encontrarle el lado bueno a la vida, con alegría y con amor.
Gracias por tus sonrisas, por tu excelente humor.
Gracias por haber aliviado la tensión con alguna bromilla, para terminar riéndonos hasta de nosotras mismas.
Gracias por el café, y por tener siempre leche para los que te la pedíamos, aunque tu no tomabas.
Gracias por haber sido tan accesible, amable y atenta.
Gracias por tu honestidad, por ser una persona verdaderamente entera.
Gracias por compartirte siempre con mucho amor a todos nosotros.
Desde el fondo de mi corazón te lo digo, y desde el fondo de mi corazón te digo que el hueco que dejaste en mi interior no va a poder llenarlo nada. Tal vez iré sanando, pero el proceso será largo. Ya se, porque tu me lo enseñaste, que las etapas hay que vivirlas para poder cerrar círculos. Gracias por haber sido tan insistente para que tomara el curso con Eduardo y aprendiera a dar el golpe 101 para lograr romper la piedra. Gracias por haberte hermanado conmigo.
Gracias, finalmente, por haber sido una de mis grandes maestras. Gracias, también, porque me permitiste decírtelo antes de que te fueras, cuando te dije que te veías más bonita que nunca -y en verdad era así- el último día que te vi a pesar de estar un poco atribulada. Gracias porque en vida me dejaste decírtelo, me diste la oportunidad.
Gracias, gran Padre Creador, porque me permitiste vivir y convivir con una de tus más amadas hijas.

No comments:
Post a Comment