El otro día tuve una severa disertación con un amigo, y un gran pasmo grosero después, porque se le ocurrió decirme que la Iglesia Católica no tiene poder mas que el que le dan los que se dejan dominar por ella. O algo semejante.
Una barbaridad, pensé yo. Sobre todo si hacemos algún recuento que involucre, como mínimo, prender las noticias de vez en cuando para darse cuenta de que:
a) El papa católico es el único líder religioso que es recibido en todos los países a los que va por el presidente, gran comitiva, alfombra roja, y asambleas de multitudes de católicos, incluyendo entre todos esos países a Estados Unidos, que era considerado como un país eminentemente protestante, y que hoy por hoy tiene el "poder" de gobernar al mundo (si, así como suena, como los villanos de las caricaturas).
b) Cuenta con una ciudad-estado independiente donde el papa es el que manda, y lo que él dice es ley; si el papa decide llevarse a esconder entre sus faldas a los curas pedófilos, se los lleva, y no sólo eso, después que se mueren los beatifica. Que interesante....
c) A través de la historia de la institución vemos como han cometido toda clase de atropellos contra la humanidad, y aún siguen en pie, vigentes, alabando "el nombre de Dios", y dominando una gran parte del planeta.
d) Son los dueños de nuestra tradición, las estructuras sociales y morales que nos rigen, pues aunque hayamos hecho un extrañamiento o hayamos renegado y nos hayamos ido a cantar y bailar en danzas rituales totalmente diferentes, muchas de nuestras costumbres siguen allí, repitiéndose con o sin conciencia en nuestras vidas diarias.
Las tías y las abuelas siguen yendo por allí a la misa, muchos de nosotros estamos bautizados, seguimos diciendo "Dios quiera", "que Dios te acompañe" y frases similares cuando nos despedimos, nosotros mismos seguimos sintiendo cierto respetillo cuando pasamos frente a un templo, por más ateos que nos proclamemos.
Negamos a Dios. Lo que significa que existe (que paradójico) porque sólo se puede negar aquello que se puede afirmar.
Todos celebramos navidad, los reyes magos, la cuaresma. O por lo menos nos acordamos de comer cositas ricas en esas fechas, y que no contengan carne, por supuesto.
Y los que comen carne, siempre están diciendo que es porque no creen, como si se estuvieran disculpando.
Y si tenemos un presidente abiertamente católico, en un país donde las autoridades lo imitan como changos, y donde los cotos de poder y las autoridades están en comal y metate con los curas, desde siempre, pues es evidente que debe tener mucho poder.
Tiene poder en el sentido de que se encuentra presente en nuestra vida, de que está íntimamente ligada al comportamiento social, y cultural. Por lo menos en estas latitudes, en la diócesis más rica y con más poder, la única en la que nunca hay escándalos: la de la ciudad de Monterrey.
Creo que negarlo, es como querer volverse autista. Es hacerse como tiololo: hacerse pendejo solo.

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