Los árabes nos trajeron la deliciosa infusión llena de cafeína. Con el avance de la ciencia nosotros lo volvimos soluble. Y renunciamos al delicioso tiempo de espera en donde aspiramos el increíble aroma, y sólo calentabamos el agua y mezclabamos el polvillo ese. Y listo.
Luego decíamos que no nos dejaba dormir, y entonces al polvillo le quitaron la cafeína, y ahora renunciamos a la cafeína tan deliciosa, al olor mientras el café se prepara y a que nos desvele.
Luego inventaron la deliciosa cocacola, toda ella llena de cafeína. Entonces la tomamos felices. Ya no había que esperar a ningún café. Destapábamos la gaseosa y la disfrutábamos mezclada o libre de mezclas. Luego dijeron que el azúcar nos engordaba. Con el gustillo que nos dejaba el dulce en la boca. Y entonces le pusieron azúcar de dieta y, no renunciamos al gustillo dulce, renunciamos a que nos causara no sé cuantas enfermedades por ingerir tanta sacaroza. Ok. Pero nadie nos dijo nada de lo que podría producir como daños colaterales el hecho de consumir tanto tanto aspartame y tanta tanta cafeína.
Y luego, como también la coca nos desvelaba, light o no, le quitan la cafeína. Coca sin cafeína y sin azúcar. ¿Entonces, para qué tomamos coca, pregunto?.
Luego llego a mi computadora y está bloqueado el Hotmail y el Messenger.
Y el cuadro del futuro es realmente desalentador: café soluble descafeínado, cocacola light sin cafeína, e internet sin messenger en esta prisión a la que le consagro la mayor parte de mi día.
Si sigo renunciando, el día de mañana renunciaré a pensar o a respirar, que viene siendo casi casi lo mismo.