Wednesday, April 19, 2006

En la calle

En las calles de los barrios puede uno conocer todo tipo de gente. Y también imaginarla. Pero lo más difícil es conocer las intenciones de los malditos perros encerrados en las casas. Mientras unos babean espantosamente ladrando para, si pudieran, acribillarte con ladridos, otros se acercan silenciosos, sigilosos y suaves y acomodan su pequeña cabeza perruna en tus brazos para que les acaricies.
Los ojos insondables e incomprensibles de los perros. Y sus malditas o bienamadas intenciones.
Ahora lo puedo saber.